Nadie lo llama por su nombre. Aunque en su familia le dicen Al, a Alexander Boris de Pfeffel Johnson todos lo conocen como Boris Johnson. Anticonvencional, contradictorio e imprevisible, acaba de jurar como nuevo alcalde de Londres.
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El jueves venció a «Red Ken» Livingstone, el socialista pelirrojo que ya llevaba 8 años como mayor de la capital británica. Su triunfo es histórico ya que no sólo es la primera vez que un tory (conservador) es elegido para la gobernar Londres, sino que a nivel nacional, es la primera derrota aplastante que el Partido Laborista sufre en 40 años. La elección para cargos municipales mostró el hartazgo de galeses e ingleses frente al indeciso gobierno laborista de Gordon Brown, el sucesor de Tony Blair. Así, los tories se quedaron con 44% de los votos, los liberales con 25% y los laboristas con 24%, además de un ignominioso tercer puesto. Este resultado anticipa que para las próximas elecciones generales -previstas para 2010-, está casi cantado que el voto mayoritario de Gran Bretaña girará hacia los conservadores, liderados, probablemente, por el actual presidente del partido, David Cameron.
El nuevo alcalde es un histriónico nato, en el que predominan la incontinencia verbal y una desbocada propensión a los «bloopers» políticos, que de no controlarlos, podrían arruinarle su carrera. Pero, también forman parte de su gran atractivo y de su peculiar gracia para reírse de sí mismo.
Gurú
Boris, el bombón rubio; Boris el bufón; Boris, la bala perdida; Torbellino Boris, son algunos de los epítetos que cosechó a lo largo de la campaña. Hasta que llegó a su equipo Lynton Crosby, un gurú australiano que lo puso en caja y le prohibió salirse del libreto electoral. Pasó a ser calificado como «Boris, the bore» (el aburrido), de allí en más. Con algunos exabruptos de excepción, claro. Como cuando explicó, con humor irreverente (tan británico), que había que votar por los conservadores porque así «tu esposa se le agrandará el busto y además tendrás más posibilidades de comprarte un BMW M3». O esta cínica definición política: «En 10 años, entre los tories nos acostumbramos a las orgías de canibalismo y asesinatos propias de Papua Nueva Guinea, y así también es que con feliz asombro vemos ahora cómo la locura se apodera del Partido Laborista».
Boris Johnson nació en Nueva York hace 43 años, vivió de chico en Bruselas y conservó la ciudadanía norteamericana hasta hace poco tiempo. De padres británicos y sangre bien mezclada ( francesa, suiza y judía), su actual esposa es mitad india. Este crisol de razas en su ADN y pasaporte quizás explique que en su campaña haya propuesto una amnistía para los inmigrantes ilegales, todo lo contrario a la plataforma política tory que es básicamente anti-inmigratoria. Pero éste no es el único «touch» particular de Boris. Es un escéptico frente a las políticas ambientalistas y los programas «verdes», uno de los rasgos distintivos para la refrescada que David Cameron echó sobre el Partido Conservador.
Amigos
Cameron y Johnson se conocen desde hace 30 años, cuando ambos iban al aristocrático colegio Eton (algo parecido a los locales Mauricio Macri y Francisco de Narváez, los dos ex alumnos del Cardenal Newman). Compartieron después la muy británica Oxford, donde Boris se especializó en Lenguas Clásicas. Allí comenzaron a militar en el Partido Conservador. Boris fue redactor en «The Times» (lo despidieron por atribuir una cita a un entrevistado inexistente en una nota), director de la prestigiosa revista «The Spectator» y corresponsal en Bruselas del «Daily Telegraph».
Muchos aseguran que la nueva dinastía tory llegó para quedarse, con Cameron -el mentor político de Boris- a la cabeza. Otros ya comparan la fuerte personalidad del «bombón rubio» con la de francés Nicolas Sarkozy y auguran que le robará el cetro del partido a su amigo Cameron. Agudo y rápido, su marca exclusiva es el retruécano inteligente, un admirable sentido del absurdo y las respuestas intencionadamente desconcertantes. Es un showman de la palabra. Un libertario de la comunicación. Ese es su atractivo dentro del conservador (en su sentido más literal) y tradicional partido tory.
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