Presa aún de la conmoción, y en medio de nuevas amenazas de muerte lanzadas contra políticos opositores, el Partido de los Trabajadores brasileño ventiló ayer una intensa polémica pública en torno al asesinato del alcalde izquierdista Celso Daniel. Mientras la dirección del partido, que en octubre intentará llegar por primera vez al poder, se declaró víctima de una conspiración, su líder histórico y candidato presidencial, Lula Da Silva, pareció abonar la tesis de un delito común. En tanto, fuentes policiales decían ayer no encontrar aún pruebas de que se haya tratado de un crimen político y comentaristas aludieron a la posibilidad de que hayan participado elementos del narcotráfico.
Lula agregó que el secuestro y asesinato de Daniel, «declara la quiebra del sistema de seguridad del país».
Por su parte, Dirceu señaló que «luego de haber asesinado dos alcaldes del PT en poco más de cuatro meses si yo no encaro esto como una cuestión política, soy un irresponsable».
Además, sostuvo Dirceu, «vamos a comportarnos como si hubiera un complot político contra nosotros. Vamos a tomar esta onda de atentados como políticos». «No se sabe quiénes son, pero sugiere una estructura organizada en varias ciudades, tal vez un grupo de extrema derecha», dijo