Ganó la médica socialista Michelle Bachelet en Chile, con siete puntos de ventaja por sobre el empresario Sebastián Piñera. Este hizo una buena elección, pero el centroizquierda demostró que, aunque leve, su mayoría tiene un comportamiento sólido. Algunas voces que se repiten en los medios creen ver en el previsible triunfo de Bachelet un eslabón más de la oleada izquierdista. Además de ser un intento simplista de explicar un momento político -como si las diferencias no fueran pocas, por caso, entre Lula da Silva, Néstor Kirchner, Evo Morales, Hugo Chávez y Tabaré Vázquez-, es también una demostración de desconocimiento absoluto de lo que ocurre en Chile. Allí el voto está dividido desde hace años en partes casi iguales y pocos dudan de que el rumbo económico elegido hace más de quince años es el correcto. El país crece sobre la base de las reglas sanas del mercado y sin el activismo nocivo de grupos de choque afines al gobierno. En todo caso, si el proceso de izquierdización existe, que se parezca a Bachelet es a todas luces más positivo que si lo lidera Chávez.
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Bachelet ejercerá a partir del 11 de marzo el cuarto mandato consecutivo de la Concertación. Obtuvo 53,5% de los votos válidos (descontando 2,16% de nulos y sólo 0,66% de sufragios en blanco) contra 46,5% de su rival de centroderecha, el empresario Informate más
Bachelet logró con su notable carisma instalarse como la candidata de la continuidad, sobre todo de un modelo económico que, pese a sus deudas, es visto con envidia en el resto de Latinoamérica. Pero también hizo creíble su promesa de encarnar un cambio esperado por vastos sectores, de modo de hacer que los beneficios del crecimiento se derramen sobre todas las capas sociales.
«Hemos construido una economía vibrante que muchos quieren imitar. Pero seguiremos asombrando al mundo, demostrando que se puede construir riqueza... y auxiliar al mismo tiempo a los que se quedan atrás», añadió ya con poca voz.
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