27 de abril 2006 - 00:00

"Garganta" ya no para de hablar

San Francisco (EFE) - A sus 92 años y víctima de demencia senil, Mark Felt, el hombre conocido como «Garganta Profunda», defendió en la primera entrevista que concedió tras revelarse su identidad el papel que desempeñó en la caída del presidente estadounidense Richard Nixon en el escándalo del Watergate.

Felt, el que fuera número dos de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) en la década del '70, apareció el martes por la noche en el programa de Larry King, en la CNN, en una entrevista grabada en su casa de Santa Rosa, al norte de San Francisco. Lo hizo para promocionar sus recién publicadas memorias, tituladas «A GMan's Life» («Vida de un agente») y escritas junto con el abogado John O'Connor, el autor de la investigación en la revista «Vanity Fair» que destapó, a principios del verano boreal pasado, la identidad de la fuente anónima más famosa del periodismo estadounidense.

En la entrevista, Felt echó por tierra una de las teorías más barajadas sobre los motivos que lo llevaron a filtrar información a los periodistas de «The Washington Post» Bob Woodward y Carl Bernstein, aquella de que accedió a hablar como represalia porque Nixon no lo había nombrado director del FBI.

Un Felt extremadamente parco en palabras y que se contradijo en varias ocasionesa lo largo de la entrevista,dijo que no se siente un héroe, pero manifestó «estar orgulloso» de lo que hizo como «Garganta Profunda».

En el programa de King también estuvieron los periodistas Woodward, Bernstein y Ben Bradlee, el entonces director del periódico, quien manifestó sentir «lástima» ante la actuación de un Felt que en sus tiempos fue un tipo duro y controlado.

El anciano se definió como un «lobo solitario», capaz de desatar por sus propios medios el escándalo que derrumbó el gobierno de Nixon. Sin embargo, «Garganta Profunda» no fue capaz de recordar muchos detalles sobre su vida, como por ejemplo dónde se encontraba cuando Nixon anunció su renuncia. Tampoco pudo entrar en detalles sobre las explicaciones que da en sus memorias de los motivos que lo llevaron a hablar: su frustración ante la lentitud del gobierno y la preocupación de que se criticaría al FBI por permitir el accionar de Nixon.

Casi tan jugosa como los detalles del escándalo es la revelación de que su mujer no murió de un ataque al corazón en 1984, tal y como él contó en su día, sino que se suicidó con el revólver reglamentario de Felt tras sufrir depresiones durante varios años, en parte motivadas por el trabajo de su marido.

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