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20 de agosto 2008 - 00:00

Hace 40 años el abuso golpeaba a Praga

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Multitudes de checos rodeaban en agosto de 1968 los tanques soviéticos, soñando que era posible forzar pacíficamente una apertura del rígido sistema comunista. Pero la prepotencia primó y la «Primavera de Praga» terminó abruptamente.
Praga - El entusiasmo siguióal asombro inicial de los ciudadanos checoslovacos en la primavera y comienzos del verano de 1968 al ver que un régimen socialista introducía un sistema pluripartidista, levantaba la censura estatal e iniciaba reformas hacia una economía de mercado, entrando así en una senda democrática.

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Pero las esperanzas de millones de personas por un futuro mejor no duraron mucho tiempo: en la noche del 21 de agosto de 1968, las tropas del Pacto de Varsovia entraron en la entonces Checoslovaquia y pusieron fin a la «Primavera de Praga» de forma violenta.
«Se puede decir que así se enterraron definitivamente los cuentos de posguerra sobre un futuro socialista brillante y un socialismo con rostro humano», opina el presidente del Senado checo, Premysl Sobotka, nacido en 1944.

La sangrienta represión del movimiento democrático fue una piedra angular en el camino hacia el final del socialismo que existía realmente.

En República Checa no gusta hablar de 1968, cuenta el escritor Jachym Topol, nacido en 1962, «porque sigue arraigado el sentimiento de humillación. Pero aunque la fecha se haya convertido en tabú sigue siendo igual de importante».

El carismático secretario del Partido Comunista y reformista Alexander Dubcek contaba con gran parte del apoyo de los ciudadanos checos y eslovacos. Pero los aviones militares, tanques y soldados de los que fueran Estados aliados del Pacto de Varsovia anularon brutalmente la visión de un « socialismo con rostro humano» en Praga.

Las tropas ocuparon la metrópolis a orillas del río Moldava, asaltaron la central de la radio estatal y cerraron el aeropuerto al tráfico aéreo civil, mientras continuaban los disparos en la céntrica Plaza Wenzel.

En las siguientes dos décadas, en Europa Central siguió dominando un sistema impregnado con la marca de Moscú. El hoy opositor Partido Comunista checo obtiene apenas 15% de los apoyos electorales y hasta ahora no se decidió a condenar sin matices la intervención militar soviética.

  • Destino

    «El poder de los ocho», es el eslogan con el que el Ministerio de Exteriores de Praga recuerda en todo el mundo «los años del destino checo». La «Primavera de Praga» de 1968 está en esa lista junto a 1918 -el año de fundación de Checoslovaquia-, 1938, cuando se dividió bajo la ocupación de la Alemania nazi o 1948, el año en que llegaron al poder los comunistas.

    Actualmente, se refleja la historia de Checoslovaquia -que en 1993 se dividió pacíficamente en dos Estados soberanos,la República Checa y Eslovaquia- en los debates de política interior del Tratado de Reforma de la Unión Europea (UE) y el escudo de defensa antimisiles estadounidense.

    Mientras Eslovaquia se mostró poco partidario de despertar la ira rusa albergando el proyecto estadounidense de un sistema de radares en Bohemia, el gobierno de Praga ya ha sellado el acuerdo para la realización del proyecto.

    Simbólicamente, estos días se asemejan a la situación en la Plaza Wenzel, donde hace cuarenta años se disparaba con dureza: a sólo tres pasos del panel de conmemoración de las víctimas de 1968, jóvenes activistas reúnen firmas contra el sistema de defensa estadounidense.

    «No nos conviertan en objetivo,no a los misiles», puedeleerse en sus pegatinas. El país puede convertirse rápidamente en objetivo de ataques rusos por el escudo antimisles estadounidense, argumentan. Hasta el momento, firmaron más de 130.000 personas.

    El presidente checo, Vaclav Klaus, casado con una eslovaca, defiende la presencia estadounidense en Bohemia, pero no está satisfecho con muchos puntos de la política de la Unión Europea. El Tratado de Reforma de Bruselas pone en peligro las libertades de los ciudadanos, afirma Klaus, confirmado en febrero en el cargo por el Parlamento.

    Eslovaquia, por el contrario, ha ratificado el tratado de la UE. Como abierto euroescéptico, Klaus sigue marchando en soledad en la Unión. En un escrito para el diario « Lidove Noviny», Klaus justificó su actitud recientemente por un «trauma histórico».

    El presidente del Senado, Sobotka, habla de la «helada ducha de 1968». Klaus y Sobotka, que pertenecen a la misma generación, aprendieron una lección de la historia: la de defender la autonomía para no caer en el riesgo de que decida una entidad exterior.

    Los historiadores internacionales, sin embargo, siguen debatiendo hoy en día si considerar la «Primavera de Praga» una lucha de las distintas alas del Partido Comunista o una parte esencial de la historia ideológica de 1968, la generación de Dubcek (Rudi), Duchke y (Bob) Dylan.
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