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4 de julio 2003 - 00:00

Hacendados reclutan hombres y los arman para una guerra

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La misión de ese ejército particular es una sola: a los hombres se les paga para reprimir una posible invasión de los sin tierra.

«Disparamos un tiro de alerta para que no entren, pero si lo hacen, la orden es bajar el caño», explica el líder del grupo. Este periodista presenció el ejercicio por invitación del propio hacendado.

Las escenas fueron registradas también por una emisora de TV. El dueño de la hacienda exigió solamente no ser identificado, al igual que los integrantes de su «fuerza de tareas», como denominó al grupo. Su objetivo es alertar a las autoridades sobre el riesgo de un conflicto en la región y mostrar que

El hacendado indicó el lugar de encuentro con uno de sus hombres, al costado de una ruta que atraviesa la región. Cuando el vehículo de este periodista frenó frente a un puesto de ingreso, un encapuchado salió de detrás de un arbusto. Tenía anteojos oscuros y llevaba un revólver. El indicó el camino, 3 kilómetros hacia adentro. Otros 14 hombres esperaban a la sombra de un árbol. Todos tenían sus cabezas cubiertas con capuchas y llevaban gorras y sombreros, camisas de manga larga, botas y armas en la cintura y en las manos.

El líder se presentó como «Zé». Dijo que parte del grupo es de la región y que los demás vinieron de otros lugares. Fueron contratados como personal de seguridad, pero también prestan servicios como peones y trabajan con el ganado. Ganan en promedio dos salarios mínimos por mes. Hacen patrullas a la noche, pero están alertas 24 horas por día.

Comienzan a mostrar las armas. Son 7 escopetas de calibre 12, 3 de caño corto de uso prohibido para civiles, una espingarda (escopeta de chispa larga) calibre 22 -«la bala camina dentro del cuerpo», explica el líder-, 2 carabinas 38, 2 carabinas 44, un fusil punto 30 «que acaba con un camión», un fusil 762 con mira telescópica -«alcanza a 3.800 metros de distancia»- y un AR-15, capaz de perforar el motor de un tractor. Y, además, revólveres para todos.

Luego vienen los disparos, durante 45 minutos, con las armas apuntadas hacia el horizonte. O ganado no se agita. Parece acostumbrado.

Los cartuchos vacíos son recogidos. Antes de despedirse, Zé va contando qué instrucciones tiene del hacendado:

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