Hillary deberá ganar las próximas elecciones en Texas, Ohio, Rhode Island y Vermont para seguir en carrera.
Washington - Su aura de inevitabilidad se apagó a principios de enero en Iowa, su solidez de líder flaqueó en el « Supermartes», su primer puesto se desvaneció tras las «Primarias del Potomac». Después de sus derrotas el martes en Wisconsin y Hawaii, la campaña de Hillary Clinton pasó ayer al siguiente nivel de emergencia: alerta roja.
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Barack Obama, la gran sensación política del año, tiene a la ex primera dama contra las cuerdas en la carrera por ser el candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos después de sumar diez victorias seguidas tras el « Supermartes» 5 de febrero.
Pese a que las encuestas les eran día a día más desfavorables, las huestes de Clinton confiaban en frenar la caída libre en Wisconsin, un estado teóricamente favorable a sus intereses con una gran población de clase trabajadora. Wisconsin también se fue, sin embargo, con Obama, y las encuestas a pie de urna trajeron más malas noticias para Clinton.
Decisivo
El senador por Illinois sigue ampliando su ventaja entre los hombres, los más jóvenes y los votantes afroamericanos, al tiempo que casi anula lo que antes eran cómodas diferencias a favor de Clinton entre ancianos, mujeres y clases más humildes. «Su coalición no se aguanta», corroboró Lawrence R. Jacobs, director del Centro de Estudios de Política y Gobierno de la Universidad de Minnesota. «Esto ( Wisconsin) podría ser... no diré su Waterloo, pero quizá sí la batalla antes de Waterloo», agregó al diario «Los Angeles Times».
Sea Waterloo, su pesadilla, o Austerlitz, su sueño, Clinton sabe dónde y cuándo tendrá lugar la batalla decisiva: será el 4 de marzo en Texas y Ohio. Ambos estados juntos entregarán 334 delegados y después de ese día sólo quedarán 650 delegados por repartirse. Según las cuentas de varios medios estadounidenses, Obama tiene ahora aproximadamente cien delegados de ventaja sobre Clinton.
Las encuestas, por el momento, le dan entre ocho y 14 puntos porcentuales de ventaja a Clinton en ambos estados. Pero en «casa Clinton» ya escarmentaron: así fue en otros muchos estados hasta que llegó Obama con su discurso de esperanza y cambio, y encandiló a los votantes.
El sistema de reparto proporcional de delegados hace además que Clinton no sólo necesite vencer en ambos estados, sino además hacerlo ampliamente. Por eso su campaña está en zafarrancho de combate. Según el diario texano «Dallas Morning News», en sus cuarteles ya se dio la consigna de «no renunciar absolutamente a nada».
El cambio de actitud deberá comenzar por la propia Clinton. En las últimas apariciones públicas, las derrotas parecen haber hecho mella en la senadora por Nueva York: su discurso cambia de tono día a día, ya no sonríe como antes, aparenta más cansada, ya no responde prácticamente a las preguntas de la prensa.
Aunque según filtró su campaña felicitó a Obama por teléfono tras Wisconsin, desde el «Supermartes» Clinton no tuvo la cortesía pública con el ganador en ninguna de las noches electorales.
La primera oportunidad para cambiar el rumbo le llegará hoy, cuando se mida ante Obama en un debate televisado a todo el país desde Austin, la capital de Texas. Se espera que la senadora por Nueva York suba de nuevo una octava el tono de sus ataques a su rival, dado que los ensayados hasta ahora no dieron ningún resultado.
«Estamos enseñando los contrastes de cómo será ella como presidenta en relación con lo que la gente realmente sabe sobre el senador Obama, y si creen realmente que dará la cara por ellos de la misma manera en que ella la dio por tanta gente a lo largo de su vida», explicó en una teleconferencia Mark Penn, jefe de estrategia de Clinton.
También ayer, en un raro mitin en Nueva York (que ya votó en el «Supermartes»), Clinton ensayó sus argumentos atacando la oratoria de Obama y contraponiéndola a su experiencia. «Llegó la hora de que pasemos de las buenas palabras a los buenos actos, de las citas brillantes a las soluciones brillantes», sentenció.
Actos y soluciones son precisamente lo que necesita Clinton para retomar el mando de la carrera hacia la convención de Denver a finales de agosto. Ahora mismo, está contra las cuerdas.
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