En un encuentro significativo, Musharraf y el primer ministro indio Manmohan Singh dijeron que trabajarán para lograr una "frontera blanda" en Cachemira, abriendo puntos de encuentro para las familias divididas y aumentando el comercio, los viajes y la cooperación a lo largo del límite.
Leyendo una declaración conjunta, de pie junto a Musharraf, Singh dijo que los dos, "conscientes de la oportunidad histórica creada por la mejora de las relaciones y el deseo abrumador de los pueblos de los dos países para una paz duradera (...) determinamos que el proceso de paz ahora es irreversible".
No obstante, y aunque el acuerdo para el acercamiento fue un logro, tal como se esperaba no hubo mayores avances hacia una solución final para Cachemira, que es el motivo principal de un siglo de hostilidad y por la cual ambos países casi entran en guerra en el 2002.
"Esto es lo que yo llamo avanzar hacia una frontera blanda" dijo Musharraf previamente, "pero una frontera blanda no es una solución final".
La declaración conjunta dijo que no se permitirá que el terrorismo descarrile los esfuerzos de paz y claramente advirtió a los separatistas islámicos que combaten contra las autoridades indias que ninguna de las dos partes tolerará que se produzcan ataques contra el servicio de autobús recientemente lanzado, que une a la dividida región himalaya.
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