Washington (ANSA, EFE, AFP) - Las medidas restrictivas a la inmigración en Estados Unidos, impuestas tras los atentados del 11 de setiembre de 2001, empiezan a tener consecuencias en las vidas de los trabajadores extranjeros, gran parte de los cuales ya no se siente «bienvenido» en el país y, a causa de las mudanzas que deben realizar para conseguir empleo, envían dinero a sus países de origen en menor proporción.
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Así lo indicó un reporte presentado ayer por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), según cuyas proyecciones solamente 64% de los trabajadores mexicanos envió dinero a su país durante este año, contra 71% de 2006.
«Podemos llegar a ver pronto una tendencia de mexicanos que vuelven a casa», en vez de seguir soportando discriminación y mala paga en Estados Unidos, advirtió el encargado del estudio del BID, el encuestador Sergio Bendixen.
Después de años de crecimiento, las remesas alcanzaron una preocupante meseta.
Los envíos a México llegaron a 11.500 millones de dólares en el primer semestre de 2006, frente a 11.400 millones del mismo período de 2007, según datos del Banco Central mexicano.
La caída del porcentaje de envíos de remesas fue más cruda en los estados considerados «menos tradicionales» a la hora de acoger inmigrantes.
Vida dura
Las restricciones a los indocumentados -cada vez más en la mira de la policía-los están llevando hacia estados como Georgia, Carolina del Norte o Pennsylvania. La vida en esos estados es más dura para los inmigrantes, que deben afrontar ambientes diferentes y a veces hostiles frente a los nuevos extranjeros.
Al tener menos posibilidades de conseguir empleo, y más gastos que cubrir, los inmigrantes latinoamericanos (mexicanos y centroamericanos, en el caso de este reporte) envían menos dinero a casa.
Entre los mexicanos que viven en los estados «tradicionales» para inmigrantes (California, Nueva York, Florida, Texas, Nueva Jersey, Illinois, Arizona, Nuevo México, Colorado, Nevada y el Distrito de Columbia), 68% despachó remesas en 2006 contra 66% este año.
El descenso dramático se registró en los estados «no tradicionales», donde la caída fue de 80% a 56%, según el estudio de Bendixen. Allí, donde en los últimos años se aprobaron diversas reglas locales contra los indocumentados, «ven un hispano caminando y la policía se le echa encima», relató uno de los trabajadores consultados.
En los números del estudio, 82% de los mexicanos encuestados y 84 de los centroamericanos aseguró que este año fue más difícil para un latinoamericano conseguir un empleo bien pago, respecto del año anterior.
Todo este panorama está provocando una situación obvia: una gran parte de los inmigrantes mexicanos (los cuales forman la enorme mayoría de los trabajadores latinoamericanos en este país) ya está pensando en armar las valijas y volver a casa.
Los encuestadores preguntaron a los inmigrantes consultados en qué país creen que estarán viviendo dentro de cinco años.
En los estados «tradicionales», 66% dijo «verse» todavía en Estados Unidos dentro de un lustro, 22% cree que estará en México y 12% se declaró indeciso. Pero en los estados «no tradicionales» las perspectivas se presentan diferentes: apenas 49% cree que estará en Estados Unidos dentro de cinco años, mientras que 31% se ve en México y 20% está indeciso.