Un grupo de intelectuales, periodistas y políticos -algunos de ellos ex rehenes- enviaron una carta a los jefes de las FARC para invitarlos a una negociación y preguntarles si están dispuestos a abandonar definitivamente la práctica del secuestro.
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A lo largo del documento se pide al grupo guerrillero diseñar escenarios en donde sea posible plantear y debatir con la sociedad alternativas políticas para encontrar salida al conflicto interno.
"Millones de personas en Colombia y fuera de ella no pueden alejar de la conciencia la imagen de numerosos colombianos que ven pasar sus horas y sus días en doloroso cautiverio, tanto en las selvas de Colombia como en las cárceles del Estado", cita un párrafo de la misiva.
En el documento se plantea además a la organización insurgente que el "actual clima internacional es favorable a todos aquellos que en Colombia trabajan sin vacilación por una salida política a la confrontación bélica interna".
"De manera cordial pero sin rodeos, nos permitimos preguntarles si están dispuestos a abandonar de manera definitiva la práctica del secuestro", le pregunta el grupo a las FARC y le recuerda que esa actividad ilícita no forma parte de los lineamientos fundacionales de la organización guerrillera.
La carta tiene fecha del 27 de noviembre pasado, pero fue divulgada ayer en el sitio de Internet de la senadora opositora Piedad Córdoba, una de las firmantes del texto, y constituye un segundo comunicado que el grupo emite a las FARC, luego de que los rebeldes les respondieran en octubre pasado una primera comunicación, enviada en septiembre.
Las FARC mantienen en su poder a más de 700 secuestrados, la mayoría de ellos con fines extorsivos. Cerca de 28 de los rehenes de esta guerrilla conforman el grupo de canjeables que los insurgentes pretenden intercambiar por unos 500 rebeldes presos.
La guerrilla colombiana ha insistido públicamente en su vocación de canjear rehenes por insurgentes presos, pero nunca se logró consenso con el gobierno de Alvaro Uribe sobre cómo instrumentar el acuerdo, y el poder de negociación rebelde últimamente se vio disminuido con la liberación de Ingrid Betancourt y otros secuestrados.
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