Mosul (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - Al menos 175 personas murieron y más de 200 resultaron heridas ayer en cuatro atentados simultáneos con camiones bomba contra miembros de una antigua secta religiosa en el norte de Irak, en uno de los ataques más sangrientos desde el inicio de la guerra en 2003.
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Los ataques se produjeron en dos localidades de la provincia de Nínive (Norte), Al-Jataniya y Al-Adnaniya, y fueron dirigidos contra la minoría yazidi. Tanto el portavoz del ejército de Irak, capitán Mohamed al-Obeidi, como el alcalde de Sinyar, Dajil Qassim, coincidieron en el número de víctimas, aunque era previsible que la cifra aumentaría por la cantidad de heridos.
El gobierno de George W. Bush tuvo una inmediata reacción ante la masacre. «Condenamos estos ataques bárbaros contra civiles inocentes», dijo la portavoz de la Casa Blanca, Dana Perino.
Las bombas fueron dirigidascontra los yazidis, que representan una población de 500.000 personas, hablan un dialecto kurdo, aunque profesan una religión preislámica, y tienen sus propias tradiciones culturales.
Esta secta cree en el Dios creador y respeta a los profetas bíblicos y coránicos, especialmente a Abraham, aunque focaliza su devoción en Malak Taus, el principal de los arcángeles. Seguidores de otras religiones, conocen a este ángel como Lucifer o Satanás, lo que ha fomentado el prejuicio popular de que los yazidis adoran al demonio.
La secta ha tratado de permanecer distante de los conflictos que afectan a la mayor parte de Irak, pero en el último tiempo sus relaciones con las cercanas comunidades sunitas musulmanas empeoraron de forma dramática.
El 7 de abril, una multitud de yazidis apedreó a Doaa Jalil Aswad, una adolescente de 17 años de la propia comunidad que ofendió los preceptos conservadores locales al escaparse para contraer matrimonio con un musulmán.
Tras la difusión de imágenes de la salvaje lapidación captadas con teléfonos celulares, extremistas sunitas no tardaron en vengarse. El 23 de abril, hombres armados detuvieron un colectivo que transportaba a trabajadores hacia la comunidad de la adolescente apedreada y asesinaron a 23 yazidis.
Secuestro
Los ataques de ayer fueron los más graves de un día marcado por la violencia. A primera hora de la mañana, el viceministro de Petróleo, Abdel Jabar al-Wagaa, fue secuestrado en Bagdad. Fuentes oficiales destacaron que se trató «de una banda criminal. No tienen motivos políticos o sectarios».
La captura se produjo poco después de que un suicida hizo estallar un camión con explosivos en un puente que conecta Bagdad con el norte del país, con un balance de diez muertos.
Por otra parte, cinco soldados estadounidense perecieron al caerse un helicóptero Chinook CH-47 cerca de la base aérea de Al Taqaddum «mientras realizaba un vuelo de rutina después de su manutención». Estos hechos se produjeron el segundo día de una nueva operación de gran envergadura de EE.UU. contra extremistas vinculados a Al-Qaeda. El ejército informó también la muerte de otros cinco soldados en diversos ataques.
En ese contexto, los principales dirigentes políticos iraquíes, convocados el lunes por el primer ministro Nuri al-Maliki, se preparaban para celebrar una reunión de emergencia para intentar superar la crisis política que amenaza con colapsar al gobierno. La convocatoria de Al-Maliki responde a la paralización de su Ejecutivo tras la reciente retirada de 17 ministros, que amenaza seriamente con hacer fracasar la estrategia de reconciliación nacional auspiciada por el mandatario chiita (ver aparte).
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