Según las informaciones, la mayoría de las víctimas sufren heridas leves, salvo unos pocos que tienen heridas de mayor gravedad.
Los atacantes formaban un grupo de entre cuarenta y sesenta personas, y para defenderse, los guardias de la prisión debieron pedir ayuda a helicópteros de combate.
Todavía no se sabe cuál es el número de víctimas entre los atacantes, pero se puede suponer que son abundantes, ya que los soldados estadounidenses utilizaron armas de alto calibre para su defensa. De hecho, Al-Qaeda habló de siete comandos suicidas.
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