En una actitud desafiante, Saddam Hussein anunció anoche que no destruirá los misiles como pide la ONU. La excusa, según el presidente iraquí, es que este tipo de proyectiles no tiene el alcance que denuncia Estados Unidos. Más allá de esta discusión técnica, lo cierto es que la actitud de Irak pone al mundo frente a una nueva guerra. El gobierno de George W. Bush presentó ayer un proyecto en Naciones Unidas (con el apoyo de Inglaterra y de España) que considera que Irak desaprovechó la última oportunidad para evitar el enfrentamiento. Pero la situación es grave. Francia, junto con Alemania y con Rusia, también impulsó una iniciativa que rechaza los argumentos para atacar, lo que divide la alianza norteamericana y crea un clima de incertidumbre.
En contra de ello, lo presentado por Francia, con aval de Rusia, ambos miembros permanentes, y Alemania, aduce que «aunque las sospechas aún permanecen, no hay evidencia que demuestre que Irak dispone de armas de destrucción masiva».
«La mayoría de los miembros no es favorable a una segunda resolución» sobre Irak, afirmó ayer el presidente francés,
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