Tradicionalmente, el bufón real gozaba de privilegios únicos, que le hubiesen costado la vida a cualquier cortesano en el caso de que tratara de arrogárselos. El principal, desde luego, era decirle cara a cara al monarca y a la familia real todo aquello que hoy, por ejemplo, sólo publican los diarios sensacionalistas como «The Sun», o lo que se escucha en algunos teatros.
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