Ramallah, Cisjordania (DPA, AFP, ANSA) - En la mayor acción militar llevada a cabo por Israel desde la operación en el Líbano en 1982, el ejército ocupó ayer gran parte de la ciudad autónoma de Ramallah, dejando un saldo de 31 muertos en menos de 24 horas.
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Por la mañana, en el norte de Israel, cerca de la frontera con el Líbano, seis israelíes murieron en un ataque armado contra sus vehículos, en el que también perecieron dos integristas palestinos armados. El ataque hizo temer al gobierno israelí la apertura de un segundo frente en el norte del país, en esa frontera, donde después de casi veinte meses de quietud casi absoluta, volvieron a vivirse horas de miedo y tensión militar. Había apenas pasado el mediodía cuando un intenso fuego de armas automáticas cayó sobre automóviles que circulaban por la ruta que lleva de la ciudad de Shlomi al kibbutz Matsuva, a unos 4 kilómetros al este de la costa y a 3,5 kilómetros al sur de la frontera con el Líbano.
En tanto, el ejército israelí ocupó toda la ciudad cisjordana de Ramallah, salvo el centro, mientras los tanques se apostaron a cien metros del cuartel general del líder palestino Yasser Arafat. El gobierno de Ariel Sharon anunció el lunes que suspendía el sitio de más tres meses al que sometió al líder palestino en Ramallah faltando dos días para la llegada del emisario norteamericano Anthony Zinni a la región, quien emprendió su viaje anoche para intentar apaciguar los ánimos. En declaraciones al canal televisivo Al Jazeera, Arafat calificó de «insolente» la decisión del gobierno israelí de autorizarlo a circular nuevamente en los territorios autónomos. En un comunicado publicado por la agencia oficial WAFA, la dirección palestina consideró que las sangrientas operaciones efectuadas por el ejército israelí en las últimas jornadas estaban destinadas a sabotear la misión de Zinni. La Autoridad Palestina (AP) pidió además al Consejo de Seguridad de la ONU que envíe «inmediatamente» observadores internacionales a los territorios palestinos.
• Alejamiento
En Nueva York, el secretario general de la ONU, Kofi Annan, instó solemnemente al primer ministro israelí, Ariel Sharon, y al líder palestino a «alejar» a sus respectivos pueblos del «desastre».
Cinco palestinos murieron y diez resultaron heridos en la operación del ejército israelí en Ramallah, efectuada por un centenar de tanques y de vehículos blindados. Un portavoz del ejército precisó que los soldados «efectuaban registros casa por casa en busca de terroristas y de armas». «Se trata de la más importante operación lanzada por el ejército israelí desde el inicio de la Intifada», el 28 de setiembre de 2000, afirmó.
Además, un palestino acusado de «colaboración con Israel» fue asesinado por palestinos y colgado de los pies en el mismo momento en que se llevaba a cabo la incursión. Marwan Barghuti, el jefe de Al Fatah, grupo que responde directamente a Arafat, en Cisjordania, estimó que Sharon «tiene que saber que prepara un infierno y que el pueblo israelí pagará el precio de sus actos».
En Cisjordania, palestinos mataron a tiros a un guardia israelí de una colonia al oeste de Ramallah. Por la mañana, cuatro palestinos murieron en un ataque de helicópteros israelíes cerca de Jan Yunes, en el sur de la franja de Gaza. En tanto, otro palestino murió como consecuencia de sus heridas en el campo de refugiados de Maghazi. En el centro, el ejército detuvo a 19 palestinos en Wadi al Salqa, después de haber ocupado la localidad durante una parte de la jornada. Al mismo tiempo, los ataques de helicópteros israelíes contra puestos de seguridad palestina en la región de Deir al Balá, también en la franja de Gaza, causaron un muerto palestino.
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