«El gobierno continúa abierto, extremadamente abierto al diálogo con todas las partes, pero también tiene que reconocer que no todos quieren hablar», dijo Berlusconi durante una rueda de prensa después que los sindicatos convocaron a la huelga. Sin embargo, el premier afirmó también que las tres centrales sindicales no representan al mundo del trabajo y las acusó de decir «mentiras» sobre su reforma laboral, lo que agudizó el enfrentamiento social y político en Italia.
«Las afirmaciones de Berlusconi son graves e inquietantes», aseguró en un comunicado oficial la Confederación Italiana de los Trabajadores (CGIL), la mayor central del país, con cinco millones de inscritos, que el último sábado realizó una imponente manifestación en Roma para protestar contra la reforma laboral del gobierno y la eliminación del artículo que impide los libres despidos.
«Habrá una huelga general de ocho horas el 16 de abril», dijo a los periodistas
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