Barcelona y Madrid (AFP, ANSA) - Para furia de los sectores «españolistas» de Madrid, los independentistas del País Vasco y de Cataluña interpretan el «sí» del referendo por la independencia de Montenegro celebrado el domingo como un prometedor «precedente» para sus respectivas regiones.
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Esta victoria muestra que «en el siglo XXI es posible que un país pequeño, en el que la mayoría de sus habitantes quiere ser independiente, lo puede ser», afirmó ayer Carles Campuzano, diputado de Convergencia i Unió (CiU, nacionalistas moderados), formación que dirigió el gobierno regional catalán entre 1980 y 2003.
Para seguir más de cerca la consulta popular celebrada el domingo en Montenegro y sacar conclusiones al respecto, los gobiernos del País Vasco y Cataluña y los partidos independentistas vascos y catalanes, enviaron observadores a Podgorica.
Esquerra Republicana de Catalunya (ERC, independentistas catalanes), que acaba de ser apartada del gobierno socialista catalán debido a su rechazo al nuevo estatuto de autonomía de Cataluña, al que considera demasiado tímido, destaca que en Montenegro se marcó «un precedente de la tutela de la Unión Europea» en un proceso de independencia.
Para la diputada de ERC, Pilar Dellunde, observadora en Montenegro cuya independencia pone fin definitivamente a la ex Yugoslavia, la palabra « balcanización» puede estar revestida de un valor «positivo» pues es «no violento».
Dibujo
El mismo domingo, el líder de ERC, Josep Lluis Carod Rovira, afirmó que el referendo montenegrino podía «dibujar el horizonte de aquello que conviene a Cataluña», es decir «un Estado nacional independiente en una Europa unida», para una región como Cataluña que es mucho más rica y diez veces más poblada que Montenegro (650.000 habitantes).
«Es la primera vez que a pesar de las reticencias del jefe de la diplomacia de la Unión Europea (el socialista Javier Solana) la UE ha puesto la condición para la creación de un nuevo Estado independiente a principios del siglo XXI en Europa», añadió Rovira, que ayer felicitó al «pueblo de Montenegro» y le expresó su «sana envidia democrática».
En Bruselas, Solana afirmó ayer que cualquier comparación del referendo de Montenegro con el hecho de que la UE apoye o acepte consultas similares en el País Vasco o Cataluña es «delirium tremens». «Tengo mis dudas de que haya alguna vez un referendo» en alguna de esas dos ricas regiones de España, añadió Solana.
En Madrid, el gobernante Partido Socialista Obrero Español (PSOE) expresó su «respeto» por el resultado del referendo montenegrino.
Autonomía
El País Vasco, próspera región de 2,1 millones de habitantes que desde 1980 gobierna el Partido Nacionalista Vasco (PNV, moderado) goza, igual que Cataluña, de una amplia autonomía. Allí, la conclusión retenida tras el referendo del domingo es que «todos los partidos políticos aceptaron por anticipado el referendo como medio legítimo para consultar una sociedad y ver cuál será su futuro».
«Ese proceso se ha hecho de manera transparente, democrática y con serenidad», dijo Iñaki Aguirre, secretario general de Acción Exterior del gobierno vasco, observador en Montenegro, que sin embargo calificó de «chocante» el umbral de 55% de los votos independentistas fijado por la UE. Arnaldo Otegi, portavoz de la formación independentista vasca ilegalizada Batasuna, brazo político de ETA, citó como ejemplo el referendo de Montenegro para pedir una vez más que el pueblo vasco «pueda decidir sobre su futuro».
En cambio, el opositor Partido Popular (PP) rechazó cualquier comparación del País Vasco o Cataluña con Montenegro pues este último «ha sido independiente hasta 1918».
«El referendo no tiene su base en un supuesto derecho de autodeterminación unilateral de Montenegro, sino que la previsión de que pueda ser independiente está contemplada en el texto constitucional que regulaba conjuntamente a Serbia y Montenegro», afirmó el observador del PP en la consulta montenegrina, Jesús López Merel.
El PP, que en las aspiraciones nacionalistas de vascos y catalanes denuncia un peligro de « balcanización» de España, entiende que la «UE no tutelaría un proceso de independencia» en el País Vasco y en Cataluña.
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