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20 de febrero 2008 - 00:00

La intriga que rodea a Petrobras y Halliburton

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Lo que sigue no fue extraído de una novela policial de Agatha Christie. O de contraespionaje de Robert Ludlum. Es real, está sucediendo y todavía no se llegó al epílogo. Y los protagonistas principales de esta historia de intrigas son la brasileña Petrobras y la norteamericana Halliburton. El nudo argumental: robo de información y espionaje. Industrial o interestatal: todavía no está claro.

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Aunque lo mantuvo oculto por varias semanas, el jueves pasado finalmente Petrobras anunció que en vísperas de carnaval -los festejos del Rey Momo demoran todo- le habían sustraído cuatro notebooks y dos discos duros con información trascendental sobre los recién descubiertos yacimientos de Tupy (petróleo) y Júpiter (gas).

Las computadoras fueron robadas de un contenedorescritorio en algún punto del trayecto entre una plataforma marítima de exploración en la bahía de Santos (frente a San Pablo) y la sede de Halliburton en Macaé, ciudad litoraleña 188 km al norte de Rio de Janeiro. Halliburton es una empresa de servicios petroleros y de seguridad basada en Texas, que opera con Petrobras desde hace 50 años. No sólo provee servicios y pruebas de exploración sino que es la responsable de la logística y seguridad en los yacimientos offshore de la petrolera brasileña.

En un principio se buscó circunscribir el hecho a un mero hurto común. Pero este domingo, durante su visita a la Antártida, fue el mismo presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien ante un extraño escenario de pingüinos y témpanos de hielo, admitió que el hecho era «grave» y que «secretos de Estado» habían sido robados. Ayer, en la sede de la ABIN (Agencia Brasileira de Investigaciones, el equivalente a nuestra SIDE) se reunieron cuatro popes de la seguridad: los ministros de Justicia, Tarso Genro y el del Gabinete de Seguridad Institucional, Jorge Félix, y los directores de la Policía Federal, Luiz Fernando Correa, y de la ABIN, Paulo Lacerda. El tema del cónclave fue, desde ya, cómo seguir con la investigación.

  • Datos robados

  • La información sustraída atañe a dos flamantes descubrimientos energéticos. Al de Tupy, en la bahía de Santos, revelado por Petrobras a fines de 2007 y con reservas en petróleo estimadas entre 5.000 y 8.000 millones de barriles; y al de Júpiter, descubierto a principios de 2008, también ubicado en la generosa cuenca de Santos y con un caudal gasífero todavía no precisado. La data birlada es trascendental porque luego del anuncio del hallazgo petrolífero en Tupy, la Agencia Nacional de Petróleo (ANP) de Brasil, de un plumazo y de un día para otro anuló las licitaciones para la exploración de nuevas áreas petrolíferas en la zona de pre-sal en la cuenca de Santos. Fueron varias las compañías y joint ventures -extranjeras y locales- que se quedaron con la boca abierta y los pliegos listos -aunque inutilizados- en la mano.

    La ANP justificó su abrupta decisión en que se debía adaptar la Ley de Petróleo (promulgada en 1997) a las nuevas realidades petrogasíferas de Brasil. Y que después de la modificación a la ley, se llamaría a una nueva licitación.

  • Sospecha cierta

    En cuanto al crimen en sí, resulta raro. Por no decir sospechoso. Sobre todo en la parte que le atañe a Halliburton. El container en el que iban las computadoras viajó por mar primero y por tierra después. Durante las casi dos semanas que duró el periplo (el envío llegó a Macaé el día 30), cualquiera de las 40 personas de la compañía que tenía consigo una llave maestra pudo haber accedido a la cerradura del contenedor, sustraer las computadoras y colocar -como se hizo- un candado parecido al violado.

    No es la primera vez que a Halliburton se le achaca alguna «desprolijidad». El año pasado, por caso, esta transnacional texana fue acusada de proveer comida en mal estado a las tropas estadounidenses basadas en Irak.

    Además de ser una de las compañías emblemáticas de seguridad y defensa de los EE.UU., no solamente tiene contratos por más de u$s 18.000 millones de dólares con Washington para la reconstrucción de Irak, sino que participó activamente en otra reconstrucción: la de Nueva Orleáns, después del desastre del huracán Katrina. Pero lo más desprolijo, sin duda, es que de acuerdo con la prensa norteamericana, tanto Bush padre como el mismo vicepresidente Dick Cheney (CEO de Halliburton hasta el año 2000) mantienen fuertes lazos con la empresa. Halliburton, además, tiene un acuerdo de cooperación petrolera con Pemex (Petróleos Mexicanos) por u$s 2.000 millones. En lo que hace a Petrobras, en agosto último firmó un contrato por u$s 300 millones para pruebas de exploración.

    Si bien Petrobras se encargó de aclarar que tiene copia de la información sustraída, un ingeniero con varias décadas en el negocio petrolero dijo que «30 años de investigación de la compañía, valorados en u$s 2.000 millones, han ido a parar a manos de desconocidos». Fuentes de Defensa, por su parte, ya están hablando de que en un futuro próximo será la Armada brasileña la encargada de custodiar estos «fundamentals» de la exploración petrogasífera. Argumento que, además, justificaría aun más la compra -casi concretada- de un submarino nuclear. Claro, la energía es hoy un tema de interés estratégico nacional. Y pasible, como acabamos de ver, de turbias maniobras de espionaje. Y, posiblemente, de origen internacional.
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