Lima (EFE) - Un grupo de turistas extranjeros se ocultó en las arenas del desierto de Ica después del gran terremoto de la semana pasada en Perú por temor a las réplicas, pero sobre todo a los asaltos «con armas», relató ayer uno de ellos, el argentino Gustavo Ruf.
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Cuando ocurrió el sismo de 8 grados Richter, Ruf, de 28 años, se encontraba en la ciudad de Ica, 300 kilómetros al sur de Lima y una de las más afectadas por la catástrofe, junto a su mujer y su cuñada, las colombianas Natalí y Mayra Meza, respectivamente. La segunda viajaba con la pareja y pretendía trasladarse a Buenos Aires para estudiar.
Para Gustavo, nacido en Neuquén y residente en Buenos Aires, fue «una experiencia traumática» porque al salir corriendo en medio del poderoso temblor, que «parecía que no iba a acabar», vio cómo se desplomaba una casa.
«No bien terminó, la gentese descontroló, corrían por todos lados, empezaban a robar a todo el mundo», acotó, al precisar que a él le sustrajeron una valija «con regalos y dinero».
Después del sismo se unieron a otro grupo de turistas y se trasladaron a las dunas del desierto, donde pasaron varias noches, «porque era lo más seguro», relató.
«Es que venían grupos en autos a robar, con armas», subrayó Gustavo al mencionar también su temor por las réplicas del terremoto, que según datos oficiales superan desde el pasado 15 de agosto las 400.
Contraste
Las declaraciones de este turista argentino contrastan con los mensajes de tranquilidad del gobierno de Alan García respecto a la seguridad en la zona.
Entre los turistas «había chilenos, españoles, colombianos y un ecuatoriano», dijo Gustavo, quien en ese momento no les preguntó su identidad.
Luego de varios días de angustia, el hombre pudo comunicarse con sus familiares y las autoridades con un celular que consiguieron prestado el domingo a la noche.
Gustavo, Natalí y Mayra ya se encuentran a salvo en el consulado argentino en Lima, adonde llegaron el domingo, aunque aún muy nerviosos y ansiosos por conseguir la ayuda financiera para retornar a casa.
En medio de su angustia, Gustavo pidió ayer una mejor distribución de la ayuda en la costa central peruana, la más afectada por el terremoto para «que llegue a la gente que la necesita».
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