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29 de noviembre 2011 - 15:28

La "Primavera árabe" impulsa la actuación electoral del islamismo

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vLas masivas protestas sociales acontecidas en Medio Oriente, conocidas como la "Primavera Árabe", además de acabar con añejos regímenes autoritarios atornillados hace décadas con un importante apoyo de Occidente, también impulsaron la actuación electoral de los espacios políticos representados por el Islam.

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En Marruecos, el rey Mohamed VI nombró al secretario general del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), Abdelilah Benkirán, como presidente del próximo gobierno. El monarca recibió al islamista en Midelt, en el Medio Atlas, y acabó así con las intensas conjeturas que corrían sobre el nombre del próximo jefe de gobierno. Un comunicado de la Casa Real señaló que Mohamed VI "nombró (a Benkirán) jefe de Gobierno, conforme a las disposiciones de la nueva Constitución, y le encargó formar el nuevo gobierno".

En Egipto, hubo una importante afluencia a los centros de votación en el segundo día de las primeras elecciones parlamentarias tras la caída de Hosny Mubarak, en las que las encuestas pronostican un triunfo de los islamistas. En medio de temores de que los militares que sustituyeron en febrero al mandatario traten de aferrarse al poder, los votantes hacían largas colas desde antes que abrieran las urnas en nueve de las 27 provincias del país, entre ellas El Cairo y Alejandría.

Después de ser gobernados por Mubarak durante tres décadas, más de 17 millones de personas estaban llamadas a ejercer su derecho a voto en la primera de las tres fases en que está dividido el proceso electoral para elegir la Asamblea Popular (diputados). En el resto de las 18 provincias egipcias, unos 33 millones de electores votarán entre diciembre y enero, en un proceso que culminará el 11 de enero.

Después de los inesperados levantamientos populares, las principales capitales occidentales se están viendo obligadas a asumir los primeros triunfos islamistas como ha ocurrido en Túnez y Marruecos. El canciller francés, Alain Juppé, entiende que sería un error partir del principio de que el islam y la democracia son incompatibles. "No hay que estigmatizar de entrada a los Hermanos Musulmanes o a los partidos islamistas. No son el diablo. Entre ellos hay gente extremista y no la queremos, pero también hay gente moderada", afirmó.

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