Una inflación rampante llevó al gobierno de Venezuela a simplificar los cálculos monetarios mediante la eliminación de tres ceros en la moneda nacional, el bolívar. Pero sin disposiciones de fondo la hoguera de la suba de los precios pronto devorará también esa medida cosmética. Una historia conocida en la Argentina.
Caracas - Apenas uno pasa las puertas automáticas de Migraciones y Aduana, y se mezcla con el público en el aeropuerto de Caracas, ya percibe la sensación de que nunca se fue de casa. No es por las aglomeraciones ni los empujones, ni por el ruido o la selva de voces que acosan. Son dos carteles los que hacen dudar si, después de 10 horas de viaje, uno se alejó de la Argentina. «Cambio oficial», dice el primero, «Reconversión monetaria», el otro. Una historia que se vivió varias veces en la Argentina.
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«Estos nuevos billeticos nos trajeron aumento de precios», dice Alfredo Serrano, un chofer. Se refiere al «redondeo» hacia arriba que ya produjeron los bolívares fuertes (BsF), esos billetitos flamantes, impresos con figuras de animales autóctonos en vez de los tradicionales próceres (parte de la revolución, seguramente ecológica) y con tres ceros menos que sus ancestros, los viejos bolívares. La reconversión monetaria, dispuesta desde el 1 de enero por el Banco Central de Venezuela, hace que cualquier argentino nostálgico, con un poco de memoria ochentosa, recuerde las épocas de Alfonsín, cuando los billetes Ley Nº 18.188, con quita de tres ceros, pasaron a ser australes. Venezuela es la primera vez que reconvierte. El gobierno quiso «reforzar la confianza» en la moneda -explicación oficial-, que venía sumando ceros desde hace tres décadas. Como ejemplo: en 1983, un dólar equivalía a 4,30 bolívares; en 1999, cuando asumió Hugo Chávez, a 585; en 2003 (a partir de ese año se impuso el control de divisas), a 2.150, y el viernes pasado llegó en el mercado paralelo a 6 bolívares fuertes (6.000 bolívares de los viejos).
Acaban de cumplirse nueve años de gobierno chavista y el vértigo en la depreciación de la moneda local ya superó el 900%, a pesar inclusive de que el dólar se devaluó en el mundo. Curiosa forma de « reforzar» la confianza.
«¿Quieres que te hable de nuestra situación comercial, chica? Pues antes déjame que te hable del petróleo», dice un gerente de una distribuidora alimentaria. «Para analizar la inflación, primero tengo que referirme al petróleo», apunta un académico. «Puedo referirme a los bancos y la liquidez monetaria, pero antes tengo que detenerme en la cuestión del petróleo», señala un banquero. En los medios de comunicación, en la oposición, en la universidad, en el supermercado y en la calle, todos, absolutamente todos, se refieren a un único tema: el petróleo, el precio del barril. Ese es su pan.
Lógico: 90% de las exportaciones (u$s 68.900 millones en 2007) corresponde a gas y a petróleo y llevaron la tasa de crecimiento del PBI a 10,3% en 2006 y a 7,8% en 2007. Pero así como en los mercados internacionales el precio del barril superó la barrera de los u$s 80, la nafta en los surtidores venezolanos hace años que tiene el precio planchado (casi un sueño kirchnerista). Es como si en la Argentina se obsequiara el trigo (algo de eso hay). Tanto que un extranjero desprevenido puede llegar a creer que bromean cuando le dicen que llenar el tanque con 50 litros cuesta u$s 2,25. (Una acotación: para darse una idea de lo hipersubvencionado que está el precio de la nafta, un tanque de 50 litros como el que pagó esta cronista cuesta lo mismo que un café en una sucursal de la cadena Havanna en Caracas; un helado cucurucho pequeño equivale a tres tanques de nafta; es que el helado es un lujo asiático en Venezuela, como todo lo que se produce a partir de la leche.)
La enormidad y la desproporción que aporta el petróleo a los números de la economía venezolana sin duda provocan la misma impresión que tuvo la protagonista de «Alicia en el país de las maravillas» al enfrentarse con los naipes y conejos gigantes. El PBI de 2007 fue de u$s 222.900 millones (en enero, el FMI y EIU -Economist Intelligence Unit- calculaban que en 2008 llegaría a 277.800 millones, aunque el reciente embargo por parte de Exxon a la petrolera estatal venezolana reduciría esta previsión). Para la población, 27.300.000 personas, el PBI per cápita es de u$s 8.274 por habitante, el más alto de Sudamérica, pero la jubilación mínima es de unos 30 dólares al cambio oficial. ¿Será así el socialismo caribeño que se predica?
En cuanto a los números económicos del país, si bien desmesurados en algunos casos, son difíciles de conseguir en Venezuela. Los funcionarios del gobierno rara vez hablan con la prensa -en eso también un periodista argentino se siente como en casa- y las pocas cifras que se pueden consultar son las que publica el Banco Central de Venezuela. El BCV está calificado como uno de los pocos organismos oficiales que todavía mantienen un buen nivel profesional después de nueve años de chavismo. Pero los datos que proporciona el BCV no son completos; generalmente les faltan guarismos que le escatima, justamente, la gallina de los huevos de oro en Venezuela: la estatal petrolera PDVSA.
Sin datos, tres presupuestos
El tema de la falta de datos no es menor. Sobre todo porque en Venezuela, la sospecha conspirativa está a la orden del día. De los dos lados. «Si no quieren informar es porque están ocultando algo», suele ser la explicación más corriente. Preguntar por alguna persona con la que se pueda hablar en PDVSA provoca un tipo de respuesta mucho más contundente: «¿PDVSA? Es una unidad sellada: nadie de allí te va a decir nada». Más si uno proviene de un diario que la embajadora Alicia Castro califica de « escuálido», como llaman hoy en Venezuela a todo lo que no es chavista. Con todo, Ambito Financiero pudo conocer algunas opiniones sobre la situación del petróleo en Venezuela, como la del economista Luis Carlos Palacios.
«Así como entre el último trimestre de 1998 y los meses finales de 2007, el precio del petróleo se multiplicó por 9, así también -dice- hubo una caída sistemática del nivel de producción venezolano: de 3,4 millones de barriles diarios (M b/ d) en 1997 pasamos a 2,4 M b/ d en 2007», asegura. Y aclara que éstas son cifras de la OPEP, de la IEA (International Energy Agency) y de la Agencia Energía del Departamento de Estado.
Los datos oficiales de PDVSA, en cambio, son bastante más optimistas. La petrolera venezolana clava la producción diaria en 3,2 M b/d, esto es, 800.000 barriles diarios más de lo que estiman los organismos internacionales.
La diferencia de 800.000 barriles gravita en los presupuestos fiscales. ¿Por qué el plural? Debido a que «en Venezuela son tres los presupuestos fiscales», aclara Palacios. El primero de ellos es el tradicional, que aprueba anualmente la Asamblea Nacional (Poder Legislativo). Irreal, claro, por lo exageradamente pesimista, este presupuesto se calcula con un precio del barril a u$s 29 ( cuando hoy supera los u$s 80), con lo cual, en los últimos diciembres, entre gallos y medianoche, y ante el caudal de petrodólares, el Congreso terminó por ajustar hacia arriba (30%) su previsión fiscal. Los otros dos presupuestos son exuberantes: uno, el Fonden; el otro, la cuenta de PDVSA en el Tesoro Nacional. Ninguno de estos dos tiene contralor, algo que parece determinar el carácter de subdesarrollado de un país.
Con la reforma a la Ley del Banco Central de Venezuela (BCV) en 2005, fue creado el Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden). «Permite que el Ejecutivo Nacional pueda ahorrar en un fondo aquella cantidad de dólares que ingresen al país y esté por encimade un monto que se consideraría necesario o suficiente en las arcas de las reservas internacionales.» Este excedente antes iba al BCV (como reservas), pero ahora pasa directamente al Fonden, y allí es administrado por varios ministerios, a cuya cabeza está el de Planificación y Desarrollo. «El destino de los recursos es decidido por el Presidente de la República en consejo de ministros», dice la ley, aunque en la práctica lo decide y anuncia el mismo Chávez durante las ediciones dominicales de su programa «¡Aló Presidente!» ( justamente el Fonden es el organismo que tramita la compra de los bonos argentinos). En la City caraqueña y en los círculos políticos y empresariales, todos están de acuerdo en que el verdadero ministro de Hacienda de Venezuela es el propio Chávez. El gabinete de ministros acompaña y trata de ejecutar la catarata de órdenes e ideas presidenciales que afloran los domingos, hijas de un poder discrecional.
El Fonden no es más que un presupuesto paralelo para financiar proyectos que antes se cubrían con el gasto ordinario. Si bien el destino de sus fondos parece más o menos claro (destinos fuera de la industria petrolera), el movimiento mensual de caja del BCV no lo es. Palacios señala que «no se sabe cuánto hay de líquido, pero se calcula que ronda los u$s 30.000 millones». La diferencia de 800.000 barriles diarios entre las estimaciones de PDVSA y la OPEP/IEA representa nada menos que u$s 64 millones al día (a u$s 80 el barril) y unos u$s 23.360 millones al año, un plus que -sea verdadero o no en cuanto a barriles tangibles- permite a la petrolera hacer cualquier «rulo» en bonos y negocios de venta de petróleo con países políticamente cercanos.
«Venezuela regala, por ejemplo, 90.000 barriles diarios a Cuba», apunta el economista, «y de ellos, como no lo pueden aprovechar todo, los cubanos venden la mitad dentro del Caribe a empresas norteamericanas».
En cuanto al manejo de los excedentes de reservas, nadie vislumbra una catástrofe. «Es imposible que la haya», asevera Palacios, «porque las cuentas externas todavía están bien, aun cuando en 2007 los proyectos sociales que financió PDVSA triplicaron su inversión petrolera».
Que, a partir del petróleo, los ingresos de Venezuela son gigantescos, no cabe duda. Entre 1999 y 2007, según publicó el diario económico venezolano «Reporte», la industria petrolera llevó u$s 619.000 millones a las arcas del Central. Si se le descuentan los u$s 209.044 millones que gastó el gobierno, el neto da u$s 410.096 millones. Si a este último guarismo se le aplica el 8% que se destina para las reservas internacionales (u$s 33.093), la cuenta da, de acuerdo con «Reporte», u$s 377.003 millones, la cifra de los excedentes monetarios a los que, a través de los « presupuestos paralelos», el gobierno de Venezuela puede dar el destino que le plazca. Así, claro, se ganan elecciones. Sin embargo, la abultada caja no ofrece garantías de continuidad perpetua: lo demostró el último referéndum negativo para Chávez, quien hoy padece uno de sus peores momentos políticos. Pero eso será otra nota.
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