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15 de noviembre 2002 - 00:00

Las privatizaciones, eje de la economía

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El XV congreso (setiembre 1997) fue un complemento a dicha estrategia reformista: haciendo uso del diseño general de la reforma, se impuso el desarrollo conjunto de las diferentes formas de propiedad empresarial existentes (estatal, colectiva, no estatal). Esta iniciativa se vio reflejada dos años más tarde, en 1999, con una enmienda a la Constitución, en la que se reconoció oficialmente la existencia de un sector no estatal productivo encaminado a reforzar la economía del país. No se podía hablar entonces abiertamente de un sector «privado», por estar excesivamente asociado al temido «capitalismo». En cualquier caso, el sector no estatal se convirtió en un componente fundamental de la economía socialista de mercado. La cuestión era cómo combinar el sector estatal con el no estatal.



El XVI congreso del PCCh, que concluyó ayer, es el primero de este siglo. Más allá del simbolismo cronológico, lo que importa es que la China de hoy no es la misma que la de 1993 o 1997: desde diciembre de 2001 China se ha convertido en el socio 143 de la Organización Mundial del Comercio; Pekín ha sido elegida sede de los Juegos Olímpicos de 2008; el PCCh ha integrado entre sus filas a nuevos «estratos sociales», en concreto, a los denominados «capitalistas» (empresarios). En otras palabras, China no sólo es parte integrante de la dinámica internacional, sino que la propia estructura interna se configura según las prioridades de una economía pujante.

En el discurso de apertura, Zemin puso especial énfasis en la modernización del partido. Para ello, quiere contar con los empresarios del sector privado. Esta iniciativa puede entreverse como una moneda con dos caras complementarias: por un lado, al ser miembros activos del PCCh, los empresarios tienen más influencia en el ámbito político, lo que a largo plazo podría beneficiar al crecimiento económico del país; por otro lado, obtener el apoyo expreso de los empresarios equivale a proteger a las autoridades del PCCh, en particular a Zemin. Viéndolo con esta doble perspectiva, resulta más fácil comprender la contradicción inherente en el mantenimiento de los principios del marxismo-leninismo mientras se privatiza (y se abre) la economía.



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