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11 de septiembre 2002 - 00:00

Las últimas horas de una víctima argentina

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Desde su casa en el barrio de Forest Hill, Santoro aceptó realizar una entrevista con la agencia «Télam» luego de madurar mucho su decisión y saber que la voz podría llegar a entrecortarse, sólo para mantener viva la memoria de su hijo que se inmoló tratando de salvar vidas ajenas.

«Mario era paramédico, ese día estaba de franco y supuestamente iba a venir a cenar a casa. Le había pedido a mi esposa que le preparara milanesas a caballo. Sin embargo, al escuchar la primera explosión y ver lo que sucedía por vivir a tres cuadras, en la calle Fulton, se ofreció para colaborar. Tanto que 'The New York Times' recuerda que la ambulancia que lo pasó a buscar fue la primera en llegar al sitio de la tragedia», relató.

Los padres de Mario se enteraron de la decisión de su hijo a través de su nuera, Leonor, y a partir de ese instante todo fue temor e incertidumbre. «Mario llegó al lugar y junto a su grupo de bomberos lo mandaron abajo -explica Alberto-. Cuando cayó la primera torre quedó incomunicado con sus superiores, yo estaba en la carretera observando y por el celular, mi esposa me llamó para decirme que tenía temor de que nuestro hijo estuviera allí.»



A partir de allí todo fue confusión y ansiedad. El cuñado de Mario -Peter Simon-es de Asuntos Internos de la Policía, por lo que pudo ingresar al lugar ya vallado y averiguar si alguien lo había visto. A la esposa hubo que convencerla para que saliera de su casa y fuera a vivir a lo de sus suegros, aunque con una espina que aún tiene clavada en lo más profundo.

«Ella le pidió a Mario que no fuera al lugar, que aprovechara su día franco, pero mi hijo le contestó que había estudiado para salvar vidas y que iría igual. Ese pequeño enojo la llevó a no querer darle un beso de despedida, el que finalmente hubiese sido su último beso y eso todavía la hace cargar con una responsabilidad impresionante», confiesa Alberto.

Los días iban pasando y no había novedades sobre la desaparición del paramédico argentino. Para la noche del 24 de diciembre, Peter decidió -como gesto simbólico-llevar al lugar un alfajor de maizena que le gustaba a Mario y en el sitio donde supuestamente había estado reunida toda la fuerza de los paramédicos.



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