Caracas - «Buenas noches Carmen, ¿cómo está la familia?» Quien llama no necesita presentación. Al otro lado del hilo la sorpresa se mezcla con el nerviosismo de escuchar, pasada la medianoche, la voz del presidente venezolano Hugo Chávez que desea informarse del curso de la campaña.
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Para el mandatario la política no tiene horario. En este caso su atención se centra en las elecciones regionales y municipales del 23 de noviembre en las que, según el propio Chávez, está en juego el «futuro de la revolución».
«Nos estamos jugando el 23 de noviembre el futurode la revolución, el futuro del socialismo, el futuro de Venezuela, el futuro del gobierno revolucionario y también el futuro de Hugo Chávez», insistió el presidente en estos días.
Por todo ello, Chávez no duda en tomar el teléfono y llamar personalmente a responsables de comandos de campaña en el último rincón de Venezuela para preguntarles si van «puerta por puerta» buscando votos para los candidatos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV).
«Si hubiera que ir a buscar a un militante inscritoal fin del mundo, allá habrá que ir», zanjó el presidente.
En esta noche precisa, Carmen, Haydée y otros militantes del PSUV responden las llamadas del mandatario, realizadas desde el palacio presidencial de Miraflores,en Caracas y retransmitidas en directo por el canal oficial de televisión hasta pasadas las dos y media de la madrugada.
«¿Cuánta gente tiene tu patrulla de campaña?», «Dime, ¿cuántos electores tienes asignados?», «¿
Tienes un problema de artrosis? Vamos a asegurarnos que no te falte el tratamiento», «Salúdame a tu familia», «Patria, socialismo o muerte», «A partir de hoy vamos a estar llamando gente, alerta para todos los patrulleros», dialoga el presidente al teléfono.
Maquinaria
Trabajo, disciplina, matemática y una campaña extremadamente minuciosa son las claves de la « maquinaria roja», color de los simpatizantes del gobierno, en estas elecciones, según Chávez.
Con un objetivo declarado de ganar en «100% de las gobernaciones», Chávez ha multiplicado sus actos públicos, se desplaza diariamente de estado en estado y ha endurecido claramente el tono en sus ataques contra sus adversarios.
«Asqueroso traidor», «apátrida», «oligarca» o «mafioso» son algunos de los apelativos usados por Chávez para referirse al gobernador del estado Sucre (nordeste), Ramón Martínez, disidente del movimiento bolivariano, o al gobernador de Zulia (oeste), Manuel Rosales, dos de sus blancos preferidos a los que el presidente amenazó incluso con «llevarlos presos».
«Es un lenguaje impropio para el gobernante que debe serlo para todos los venezolanos», aseguró el presidente del partido opositor Copei, Luis Ignacio Planas.
Ajeno a las críticas, el presidente inaugura hospitales y carreteras, pone la primera piedra de proyectos de infraestructura, participa en las ceremonias de graduaciones de médicos o enfermeras, visita escuelas y recorre las barriadas junto a sus candidatos subido en un camión.
«Para que Chávez haga avanzar su revolución necesita un altísimo nivel de popularidad y de conexión popular. La verdad es que él busca las elecciones para ganar popularidad», afirmó Luis Vicente León, responsable de la firma Datanálisis.
Desde hace semanas, su imagen confiante, levantando el brazo de aspirantes a concejales, alcaldes y gobernadores vestidos de rojo, se multiplica. «Quien esté con Chávez debe votar por mi candidato», repite el mandatario. «Chávez ha visto la necesidad de asumir esta campaña porque sin su figura, a muchos candidatos les darían una paliza importante en las urnas», explicó recientemente el analista Eduardo Semtei.
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