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Los sindicatos están nerviosos. Y van a movilizarse si Nicolas Sarkozy trata de reescribir a su antojo una nueva ley sobre las huelgas. El heredero de Jacques Chirac pretende que se garanticen servicios mínimos y quiere conceder el voto secreto al trabajador cuando los paros se prolonguen más de ocho días. Novedades históricas que han puesto de uñas a los agentes sociales: «Cualquier intento unilateral de medidas sociales va a convertirse en un efecto bumerán y en un error para el nuevo presidente», advirtió el sindicato Lucha Obrera. «La democracia no es sólo el momento en que los ciudadanos se expresan. Implica, sobre todo, que las grandes decisiones tienen que consensuarse», añadió Bernard Thibault en nombre del influyente sindicato CGT. La tensiónde las centrales explica la intervención a título tranquilizador de Claude Guéant, jefe de la campaña de Sarko y protagonista de unas declaraciones terapéuticas: «Nicolas Sarkozy no tiene intención alguna de imponer las medidas a la fuerza. Ha dicho claramente que consultará a las partes sociales (sindicatos y grupos de trabajadores) para resolver las modalidades de un diálogo que tendrá lugar en el mes de setiembre», precisó.
La Universidad de La Sorbona ha vuelto a convertirse en plataforma asamblearia. El fenómeno dista mucho de una revuelta estudiantil y carecede las bendiciones de los principales sindicatos, aunque comienza a delinearse una estrategia para impedir las reformas educativas que pretende llevar a cabo el nuevo jefe del Estado. Incluida una significativa suba de los gastos de inscripción, una selección drástica en las facultades y una revisión de las especialidades inútiles.
MAGISTRADOS
Los jueces franceses recuerdan que Sarkozy los acusaba de actuar con laxitud en el ámbito de la violencia y no olvidan sus intromisiones cuando era ministro del Interior. Ahora tienen más razones para temerlo, puesto que el jefe del Estado es también el presidente del Consejo Superior de la Magistratura. Semejante posición se añade al propósito de endurecer las medidascontra la violencia juvenil. Los menores de edad (16 y 17 años) serán tratados como adultos en caso de reincidencia. Una reforma que arroja más inquina a las tensiones que se esperan entre los jueces y Sarkozy. Los sindicatos de magistrados creen que la llegada del nuevo presidente es motivo de inquietud y preocupación. Cuestión de memoria.
LA CALLE
Sarkozy está escarmentado del peso de la calle. También sabe que se lo observa como un tipo duro. Razones que están haciéndole sopesar el nombramiento de ministros de órbita socialistas. Eric Besson, ex arquitecto de asuntos económicos de Ségolène Royal, y Claude Allegre, ministro de Lionel Jospin, aparecen entre los candidatos a la sorpresa.
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