Se trata de informaciones mantenidas hasta ahora en secreto por la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN) y que podrán ser consultadas en el Archivo Nacional de Rio de Janeiro.
El gobierno aclaró que no se divulgarán los documentos considerados «ultrasecretos», es decir, los que puedan «traer riesgo para la sociedad y para el Estado» y aquellos que «causen daños a la imagen de personas».
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