Cindy Sheehan, de 54 años, ya tuvo la ocasión de mirarlo a los ojos en junio, como parte de un grupo de 15 familias de soldados muertos a las que recibió el presidente. «Pero La impotencia que sintió tras aquel encuentro cara a cara con el presidente fue lo que la impulsó a crear el grupo
«No quiero que el presidenteuse el nombre de mi hijo para seguir matando», dijo Sheehan, convertida de la noche a la mañana en la «madre coraje» del alicaído movimiento pacifista en EE.UU. «Lo que quiero es que respete el honor de mi hijo trayendo a las tropas inmediatamente a casa».
Sheehan se transformó en la incómoda merodeadora del presidente Bush desde el último sábado, cuando emprendió una marcha con un puñado del grupo Veteranos por la Paz desde el pueblo de Crawford a la mansión estival del presidente.
Los servicios secretos detuvieron a los manifestantes a más de medio kilómetro del rancho, dentro del perímetro de seguridad, y ahí seguirán acampados hasta que haya novedades en el frente. (A pesar de la repercusión que cobró el caso, Bush se limitó a decir ayer a la prensa que «me rompe el corazón pensar en una familia que perdió a un ser querido. Entiendo la angustia que deben sentir»).
La «madre coraje» pudo reunirse estos días con el consejero nacional de Seguridad,
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