La gran paradoja que enfrenta Evo Morales es que la actual crisis política de su gobierno no se genera en la oposición sino en la izquierda, incluidos los movimientos que lo encumbraron. La oferta de vender gas a Chile sin exigir una salida al mar fue un intento de obtener ese logro a partir de generar una situación de dependencia de Santiago y, además, la búsqueda de una nueva vía para dar cauce al principal recurso exportable de Bolivia. Sin embargo, sus antiguos aliados lo amenazaron con someterlo al mismo trato que a Gonzalo Sánchez de Lozada, expulsado del poder tras un trágico levantamiento. Morales entendió el mensaje y debió, por ahora, dar marcha atrás.
La Paz (AFP, EFE, Reuters) - El gobierno de Bolivia debió retroceder ayer en su decisión de abandonar la política de «gas a cambio de mar» frente a Chile, después de que organizaciones sociales amenazaran veladamente al presidente Evo Morales con derrocarlo.
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Un fuerte descontento popular y político por una declaración del canciller, David Choquehuanca, de abandonar esa estrategia, obligó al gobierno a ratificarla y a afirmar que «la política de reintegración marítima es irrenunciable».
«Nuestro gobierno mantiene y también preserva lo logrado en el referendo de 2004», cuando 87% de los bolivianos aprobó la estrategia «gas por mar», declaró el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, a la salida de una tensa reunión de gabinete para calmar a las organizaciones sociales, cruciales para la estabilidad del gobierno.
El referendo siguió a una sangrienta rebelión popular, con saldo de casi 60 muertos y unos 500 heridos de bala, contra el ex presidente liberal Gonzalo Sánchez de Lozada, que proyectaba tender un gasoducto hasta la costa chilena y terminó huyendo a Estados Unidos en octubre de 2003.
A pesar de que Choquehuanca dijo el lunes que «estamos dispuestos a venderle electricidad y gas (a Chile), porque podemos decir que 'mar por gas' suena a chantaje», el ministro Quintana señaló ayer que «preserva como política de Estado de manera invariable la reintegración marítima».
«No se ha cambiado ni un milímetro, no se cambiará mientras no se cancele esta importante deuda histórica con el país», agregó.
La idea de cambiar el enfoque hacia Chile fue rechazada por el concejal del municipio de El Alto, Roberto de la Cruz, uno de los líderes de la rebelión de octubre de 2003, que la calificó de «tremenda metida de pata» y recordó a Morales que Sánchez de Lozada «tuvo que irse a su casa» a causa de «una política marítima equivocada».
«Si el hermano Evo Morales hace eso, estaría cavando su tumba como lo hizo el ex presidente Sánchez de Lozada», dijo el izquierdista radical De la Cruz.
Mientras, el principal dirigente de la Central Obrera de El Alto, Edgar Patana, ratificó que «si se va a vender gas a Chile, tiene que ser a cambio de mar», mientras el ejecutivo de la unitaria Central Obrera Boliviana (COB), Pedro Montes, manifestó oposición al planteo de Choquehuanca.
Primero el mar
Incluso el líder del poderoso sindicato de campesinos, Isaac Avalos, militante del partido de Morales, el Movimiento al Socialismo (MAS) recomendó al gobierno que «antes del negocio (del gas), primero está el tema marítimo».
Desde el centroderecha, en tanto, el diputado Fernando Messmer, jefe del grupo parlamentario del opositor Poder Democrático y Social (Podemos), dijo que el MAS «derribó a un presidente», supuestamente porque iba a vender gas a Chile, y ahora actúan con «doble moral».
Bolivia y Chile carecen de relaciones diplomáticas desde marzo de 1978, al fracasar un intento por resolver el diferendo marítimo que los separa desde hace más de un siglo, pero en los últimos meses hicieron esfuerzos por un acercamiento.
Enclaustrada geográficamente desde la guerra de 1879, cuando perdió a manos de Chile 120.000 kilómetros cuadrados de territorio y 400 kilómetros de costa, Bolivia aspira a conseguir una franja soberana sobre el Pacífico.
Bolivia posee la segunda reserva de gas natural de América del Sur, mientras Chile, deficitario en ese recurso energético, lo importa de la Argentina, que a su vez se abastece de la producción boliviana.
El gobierno del presidente Carlos Mesa (2003-2005) incluyó en un contrato de venta de gas a la Argentina a «precio solidario» una cláusula que comprometía a Buenos Aires a no transferir a Chile «ni una molécula de gas» boliviano.
Choquehuanca consideró que esa estrategia «no sirve» y que «fue aprobado en otro gobierno», el de Mesa, pero que «nosotros somos otro gobierno y nuestra política es lograr una confianza mutua entre Bolivia y Chile».
En Santiago, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, dijo que las declaraciones del jefe de la diplomacia boliviana «nos satisfacen mucho».
El más firme acercamiento con Chile se plasmó en julio último, cuando delegaciones de ambas cancillerías acordaron tratar una agenda que por primera vez desde 1904 (cuando suscribieron un tratado de paz y límites tras la guerra de 1879) incluye el reclamo marítimo boliviano.
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