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La segunda bomba, de gran potencia, alcanzó a un gran número de personas, mató al menos a quince, algunas de las cuales quedaron destrozadas, e hirió a medio centenar más, de las que una decena se encuentran en estado grave.
«Fue un acto de crueldad y de barbarie» dijo el presidente Kandahar, ciudad del sur de Afganistán, fue la zona fuerte de los talibanes, que gobernaron el país entre 1996 y 2001, año en que fueron derrocados.
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