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Luego de dos das de ataques de represalias contra mezquitas de la minoría sunita, que siguieron al bombardeo de una mezquita chiíta el miércoles supuestamente perpetrado por Al Qaeda, Estados Unidos y las Naciones Unidas se esfuerzan por evitar una guerra civil en el país árabe.
Las calles de Bagdad estaban tranquilas a media mañana, con miembros de la policía, fuerzas de seguridad y comandos del Ministerio del Interior haciendo regresar a unos pocos vehículos en puntos de revisión.
El presidente estadounidense, George W. Bush, pidió calma y el enviado de la ONU invitó a todos los partidos a participar en las conversaciones para salir de la crisis más grave que ha enfrentado Irak desde la invasión de Estados Unidos hace tres años.
Los líderes políticos sunitas se retiraron de las negociaciones para formar un gobierno de unidad entre los grupos elegidos en la votación de diciembre.
Irán, de gobierno chiíta, mantuvo su feroz retórica contra el papel de Estados Unidos en su vecino; algunos sospechan que Teherán intentaría desviar la presión que ejerce sobre él Washington, generado problemas en Irak.
La policía y el ejército iraquí estarán al frente de los intentos del gobierno, liderado por chiítas, para detener las protestas del viernes contra el simbólico bombardeo de la Mezquita Dorada de Samarra, y los ataques de represalia, que los funcionarios reconocen que mataron a más de 130 personas.
Siete soldados estadounidenses murieron el miércoles en dos ataques. Residentes iraquíes reportaron fuertes enfrentamientos en por lo menos dos áreas dentro y fuera de Bagdad durante la noche.
Algunos ven a las 130.000 tropas estadounidenses como la única fuerza capaz de mantener el orden y evitar un asalto a gran escala de la mayoría chiíta contra los sunitas alrededor de la capital, luego de años de contener su deseo de venganza por ataques sunitas que han matado a miles desde el 2003.
El presidente estadounidense, George W. Bush, cuyas tropas lideraron la coalición que derrocó al líder sunita Saddam Hussein en el 2003, ha dicho que desea retirar sus tropas de Irak y pidió calma a los líderes y los grupos religiosos iraquíes.
Entre los muertos del jueves estaban 47 personas, aparentemente sunitas y chiítas, a quienes hombres armados sacaron de vehículos luego de una manifestación para mostrar solidaridad entre las sectas cerca de Bagdad.
Muchos de los 27 millones de iraquíes permanecieron dentro de sus casas obedeciendo medidas drásticas de seguridad implementadas durante el primero de tres días de duelo nacional.
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