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Los disturbios resurgieron a última hora del jueves, pese a la esperanza de que las celebraciones que ponen fin a la festividad musulmana del Ramadán calmarían a los manifestantes.
Muchos de ellos son musulmanes de origen norafricano que protestan contra los prejuicios raciales que dicen que los condenan a un estatus de segunda clase.
La policía dijo que hubo menos enfrentamientos que las noches anteriores, cuando sus agentes y los bomberos recibieron disparos de algunos manifestantes. Las autoridades policiales dijeron que 150 vehículos habían sido destruidos durante la noche del jueves.
Los agentes de seguridad también dijeron que la fuerte presencia policial -alrededor de 1.000 oficiales antidisturbios patrullaban estas zonas- había actuado como un elemento disuasivo, pero los agitadores prendieron fuego a dos almacenes textiles, un aparcamiento de autobuses y una escuela primaria.
"¿Por qué una escuela, por qué un auto? ¿Qué se puede decir de una violencia tan ciega?", dijo un alcalde de la zona, Michel Beaumale.
Por primera vez los disturbios se extendieron fuera de la región de París. Jóvenes incendiron automóviles en Dijon, Rouen y la zona de Bouches-du-Rhone, cuya ciudad principal es Marsella, aunque no estaba claro el alcance exacto de la violencia.
El jueves por la noche, las autoridades locales se quejaron en voz alta por los titubeos y el politiqueo de los líderes nacionales después de que el primer ministro, Dominique de Villepin, les informara sobre "el plan de acción para los suburbios" que pretende presentar este mes.
"Muchos de nosotros le dijimos que no es el momento para el enésimo plan", dijo Jean-Christophe Lagarde, alcalde de Drancy, en la región afectada por los disturbios. "Un muerto y creo que esto se descontrolará", agregó.
Manuel Valls, alcalde de Evry, al sur de la capital, dijo: "Tememos que lo que sucede en Seine Saint Denis se extienda.
Tenemos que dar a estas personas un mensaje de esperanza". Los disturbios entre jóvenes de origen africano -la mayoría de ellos nacidos en Francia, pero defraudados por las promesas oficiales incumplidas de libertad, igualdad y fraternidad- comenzaron la semana pasada después de que dos adolescentes murieran mientras escapaban de la policía.
Villepin y el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, cuya rivalidad política ha ensombrecido la reacción del gobierno, se mostraron unidos el jueves en el Senado francés para anunciar que el reestablecimiento del orden era su "absoluta prioridad".
Villepin culpó indirectamente de los disturbios a las bandas que, según él, aterrorizan a los residentes y tratan de mantener a la policía alejada de sus distritos, y prometió que primarán la ley y el orden.
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