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«Incluso los más fanáticos defensores del euro deben ahora reconocer que no vamos a ingresar en él, porque sus dos principales argumentos -que la entrada en el euro es inevitable y que Gran Bretaña es un país demasiado pequeño para manejarse por su cuenta-fueron dinamitados por el 'nej' de los suecos», sentenciaba en su editorial el conservador «The Daily Telegraph».
Y qué decir de los conservadores, abanderados del rancio antieuropeísmo británico, quienes celebraban abiertamente el resultado del referéndum sueco.
Y, casi con idénticas palabras, Downing Street trataba de amortiguar las obvias implicaciones en Gran Bretaña de la consulta popular celebrada en domingo pasado en Suecia: «El resultado del plebiscito sueco no afecta al Reino Unido», señalaba el vocero del primer ministro británico.
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