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El atentado se produjo en el barrio Rachidiyah, a 25 km al norte de Bagdad y bastión de la poderosa tribu de los Albu Amer, de la que el jeque Fayyad era jefe.
Con él, ya son dos los miembros asesinados de la Asamblea nacional surgida de las elecciones del 30 de enero.
Una nueva operación, bautizada "Espada", fue iniciada hoy por unos mil militares estadounidense y fuerzas iraquíes "para erradicar los terroristas y combatientes extranjeros" a lo largo del Eufrates, entre Haditha y Hit (260 km y 150 km al noroeste de Bagdad), según un comunicado militar estadounidense.
Mientras tanto, la violencia dejó al menos 29 muertos y 45 heridos durante la jornada.
En Samarra, en el norte de Irak, 11 soldados y policías murieron y 9 resultaron heridos en varios ataques.
En Tulul al-Badj, 300 km al norte de Bagdad, un kamikaze en una moto-bomba mató a dos soldados e hirió a seis.
También en el norte, el jefe de la policía de tránsito de la ciudad de Kirkuk, el general kurdo Talar Abdallah, escapó a un atentado con coche bomba que causó la muerte de un civil.
Tres coches bomba que explotaron en la ciudad de Baaquba en el espacio de una hora causaron la muerte de un civil e hirieron a siete.
Al sur de la capital, un policía murió y 17 personas resultaron heridas cuando un kamikaze se hizo estallar en el hospital de Mussayeb.
En Bagdad, dos bomberos, tres policías y dos civiles, entre ellos el concejal local Chaker Abdel Fatah, fueron asesinados en distintos ataques que dejaron tres heridos.
Por su parte, el ejército estadounidense informó que uno de sus soldados murió y otro fue herido en un atentado con coche-bomba cerca de una base militar en Balad, 70 km al norte de Bagdad.
Dos mujeres soldados estadounidenses desaparecidas desde el 23 de junio tras un atentado suicida con un coche bomba en Faluya, al oeste de Bagdad, fueron encontradas muertas, lo que eleva a 1.729 el número de militares de ese país muertos en Irak desde marzo de 2003, según un balance establecido a partir de cifras del Pentágono.
El presidente estadounidense George W. Bush tenía previsto dirigir un mensaje a la nación mañana para intentar convencer a la opinión pública, cada vez más escéptica, sobre la necesidad de mantener los cerca de 135.000 soldados de su país desplegados en Irak.
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