Dos episodios sugestivos recrearon ayer la pesadilla del terrorismo en los Estados Unidos, justo cuando el país había sido virtualmente militarizado para evitar atentados durante las celebraciones por el Día de la Independencia. Un desconocido abrió fuego contra el mostrador de la aerolínea israelí en el aeropuerto de Los Angeles, matando a dos personas e hiriendo a otras dos antes de ser abatido. En la misma ciudad, una avioneta cayó sobre un parque, dejando un muerto y 10 heridos.
Pero el gran dispositivo de seguridad montado para los festejos no pudo evitar que un hombre se dirigiera hacia la oficina de pasajes de El-Al y le disparara al cajero. Luego abrió fuego sobre otras personas de la terminal aérea. Además del atacante, un hombre de 52 años abatido por un guarda de seguridad de El-Al, otro hombre, de 46 años, sucumbió a heridas de bala en el centro médico Martin Luther King, informó el portavoz policial, «Creemos que estamos hablando de un atentado terrorista», dijo el ministro a la radio emisora del ejército israelí.
Si bien el último miércoles el FBI había alertado acerca de posibles atentados suicidas -al estilo de los llevados a cabo por grupos integristas palestinos en Israel- en las festividades del Día de la Independencia, un portavoz de la Oficina Federal de Investigaciones declaró anoche que era muy pronto para considerar el ataque un hecho terrorista.
«No hay indicios de conexión terrorista alguna en este asunto ahora mismo», señaló el portavoz del FBI
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