Al desabastecimiento de leche, arroz, harina y otros alimentos, podría agregarse este año en Venezuela otro más: el de combustible. Si PDVSA, la estatal petrolera, no revierte su falta de inversión y mantenimiento, los venezolanos podrían llegar a encontrarse con surtidores con mangueras cruzadas en sus estaciones de servicio de bandera.
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En casa de herrero, cuchillo de palo. Aunque Venezuela esté sentada sobre una fuente inagotable de petróleo y PDVSA sea considerada la quinta compañía petrolera del mundo por las reservas comprobables que tiene, la falta de inversión y mantenimiento, sumada a un gerenciamiento inexperto, la ha llevado a una crisis sin precedentes. Esto se viene arrastrando desde 2003, cuando, luego de una larga huelga, fueron despedidos 20.000 empleados de la petrolera y sustituidos por personal sin la experiencia adecuada.
«Durante mucho tiempo se dijo que el mejor negocio que hay es el petróleo, y el segundo mejor es el negocio petrolero mal manejado», comenta el analista venezolano Luis Eduardo Muro, «pero lamentablemente hemos pasado de una PDVSA reconocida internacionalmente como una de las primeras empresas del mundo, a un negocio petrolero cada vez más pequeño y más mediocre».
Por falta de inversión y descuidos en el mantenimiento, a lo largo del año pasado la producción se vio entorpecida por una docena de accidentes en sus cinco refinerías. Esto afectó las exportaciones, sobre todo a los EE.UU., su principal destino. De acuerdo con cifras del gobierno estadounidense, éstas cayeron 22% sólo durante 2007. Mientras año a año las plantas petroleras se van deteriorando y atrasando en tecnología, eficiencia y producción, el consumo de nafta se ha venido incrementando en Venezuela 24% en los últimos tres años. Es la nafta más barata del mundo: se vende en los surtidores a u$s 0,13 el galón. La suba en las ventas domésticas de combustible va de la mano con otro boom, el de los automóviles. Según la cámara automotriz venezolana, en 2007 se vendieron 492.000 nuevas unidades: 43,3% más que en 2006. Más tanques para llenar cuando se sabe que habrá menos combustible para vender.
Para el Banco Central de Venezuela (BCV), la producción petrolera de PDVSA en 2007 fue de 3,07 millones de barriles diarios, lo que significa una caída de 173.000 b/d respecto de 2006 (con 3,25 millones de b/ d). No opinan lo mismo la OPEP y la IEA ( International Energy Agency). Ambas entidades creen que la producción real fue de 600.000 b/d menos, es decir, 2,47 millones b/d, con lo cual, la caída respecto del año anterior se ubicaría en una cifra aun más comprometida. De ser así los números, y con el barril cerca de los u$s 90, PDVSA habría dejado de ganar alrededor de u$s 5.500 millones.
Merma
El ministro de Energía y Petróleo del gobierno bolivariano de Venezuela, que a su vez es el titular de PDVSA, Rafael Ramírez, quiso minimizar esta semana la alarma ocasionada por la merma en la producción y habló de una «crisis operacional» por falta de torres de exploración. Lenguaje simbólico, acaso, para referirse a una crisis originada en una falta de inversión. Optimista, anunció que en 2008 la estatal llegaría a los 3,6 millones b/d y dio a conocer las cifras de inversión. Fueron u$s 10.000 en 2007 y se destinarían u$s 15.600 a lo largo de 2008 para poder llegar a cumplir, en 2012, con los 5,8 millones de b/d prometidos a la OPEP.
Por su parte, los analistas venezolanos bajan a tierra estos números y se refieren a la cuestión de manera más pedestre: aunque le ingresen muchas divisas debido al precio actual del petróleo, PDVSA invierte poco o casi nada en la compañía porque «Chávez usa las elevadas ganancias para financiar programas sociales que sustentan su popularidad entre la mayoría pobre del país», dijo Mariana Parraga en el diario «El Universal». La petrolera venezolana se ha transformado en el último año en un polirrubro o todoterreno ejecutor de las políticas sociales, a través de sus siete nuevas dependencias: PDVSA Agrícola, Gas Popular, Servicios, Industrial, Ingeniería y Construcción, Naval, y Desarrollo Urbano. No se conocen aún los guarismos de 2007, pero en 2006 PDVSA destinó u$s 13.800 millones sólo a programas de desarrollo social.
Exigencia
No demasiado lejos del rojo deben andar las cuentas de la petrolera estatal, pues está desesperadamente buscando hacer caja. A partir del 1 de enero rige la exigencia de que los clientes paguen a PDVSA los envíos de crudo a los ocho días (la norma en la industria es cancelar a los 30 días). A su vez, pidió a CITGO (las refinerías y estaciones de servicio que la venezolana tiene en EE.UU.) que le adelante u$s 3 mil millones a cuenta de futuros embarques y dividendos. Para completar el cuadro, en la cúpula de PDVSA debaten cómo lograr financiar la difícil explotación de la Faja del Orinoco (de donde la brasileña Petrobras se retiró hace poco). La extracción del crudo extrapesado como es el de la Faja significa un negocio de alto riesgo y, por lo tanto, es atractivo para pocos. Con un potencial inmenso -se habla de que podría producir al menos 500 millones de b/d- no está lista aún la certificación de esas posibles reservas. Mientras tanto, la OPEP presiona a Venezuela para que no distraiga recursos fuera de la industria petrolera.
Por las dudas, y mientras tanto también, el presidente Hugo Chávez, siempre bien dispuesto a los grandes anuncios, ya dijo esta semana que para fines de 2009 Venezuela podrá mostrar reservas certificadas de 313.000 millones de barriles. Que serán, por supuesto, las mayores del mundo.
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