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La decisión da a los jefes militares estadounidenses una fuerza adicional, aunque sólo temporal, para afrontar el grave empeoramiento de la violencia en Irak, donde a los incidentes en el "triángulo suní" se ha sumado una insurrección de parte de la población chií del centro y sur del país.
Con esta decisión, EEUU mantendrá el nivel de tropas en Irak en unos 137.000 soldados, por encima del nivel de 115.000 que tenía como objetivo el Pentágono.
La unidades afectadas son principalmente la I División Acorazada, con base en Alemania, y el 2 Regimiento de Caballería Blindada, de Fort Polk (Luisiana), y que estaban a punto de emprender el regreso a casa una vez que ya habían llegado sus relevos.
El anuncio de Rumsfeld supone la ruptura del compromiso que el Pentágono anunció al concluir las principales operaciones de la guerra contra Irak, hace algo más de un año, por el cual las tropas enviadas a Irak no estarían más de doce meses allí.
El secretario estadounidense de Defensa aseguró que "lamenta" tomar la decisión de postergar el regreso de las tropas, pero recordó que "el país está en guerra".
Rumsfeld añadió que, si tras el período de 90 días en Irak fuera necesario mantener más fuerzas en suelo iraquí, las dos unidades serían relevadas por otras y no sufrirían una nueva extensión de su despliegue.
Aproximadamente una cuarta parte de los soldados que tendrán que pasar tres meses más en Irak son miembros de la Reserva o de la Guardia Nacional.
El Pentágono adoptó esta decisión cuando están llegando a Estados Unidos los cadáveres de los soldados muertos en Irak durante las últimas dos semanas, debido a las cuales se están multiplicando las escenas de dolor y las imágenes de funerales por todo el país.
Aunque sólo se ha cumplido su primera mitad, abril es ya el mes más mortífero para las tropas estadounidenses en Irak desde el inicio de la invasión de ese país, en marzo del año pasado, con unos 90 muertos hasta ahora.
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