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15 de febrero 2007 - 00:00

Pese al acuerdo, siguen los roces Tokio-Pyongyang

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Seúl (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - El acuerdo sobre la cuestión nuclear norcoreana alcanzado el martes entre Estados Unidos, China, Japón, Rusia y ambas Coreas fue saludado con optimismo en Seúl, mientras en una posición diametralmente opuesta, Japón se mostró ayer duro y sin concesiones, insistiendo en que Corea del Norte sea considerada como un Estado terrorista.

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El secretario general del gobierno japonés, Yasuhisa Shiozaki, reiteró ayer que no hará concesiones ni dará ningún tipo de asistencia económica al régimen de Pyongyang, al menos hasta que no se resuelva la antigua cuestión de los ciudadanos japoneses raptados en la década del 70 y el 80 por agentes norcoreanos.

En conferencia de prensa en Tokio, Shiozaki confirmó que «para Japón nada ha cambiado, por cuanto el problema de los raptos sigue siendo un nudo fundamental que resolver». Shiozaki agregó luego que para Tokio, Corea del Norte sigue siendo un «Estado terrorista», haciendo referencia a la lista redactada en 1988 por EE.UU. donde figuran las naciones acusadas de apoyar al terrorismo (Corea del Norte, Cuba, Irán, Sudán y Siria). Pyongyang respondió lamentando la «excepción japonesa» en el acuerdo firmado en Pekín. En declaraciones a la agencia japonesa «Kyodo», un funcionario del Ministerio de Exteriores norcoreano, Ri Pyongdok, se preguntó cómo es posible que, aun figurando entre los signatarios del acuerdo, Tokio haya quedado al margen de la asistencia económica a Pyongyang.

Ri también acusó al gobierno japonés de querer utilizar para otros fines un relanzamiento de las polémicas sobre un viejo caso de raptos que Corea del Norte considera cerrado desde hace tiempo, tras haberse excusado con Japón y haberle dado todas las informaciones disponibles.

El funcionario norcoreano agregó que, si se quiere hablar de prioridades en la relación bilateral, la cuestión de los raptos no se puede comparar con otra más importante y no resuelta, el dominio colonial japonés en Corea de 1910 a 1945. ,

En Corea del Sur, en cambio, el clima es totalmente distinto: el histórico acuerdo se vive como un triunfo de la «política de la sonrisa» inaugurada a fines de la pasada década por el presidente Kim Daejung, premio Nobel de la Paz, y continuada por su sucesor, Roh Moohyun.

Satisfecho por el acuerdo, Roh expresó su deseo de que pronto se llegue a formar una asamblea intercoreana para « negociar una paz permanente en la península, sancionada por un tratado que sustituya al armisticio de 1953 y haga caer la última frontera de la Guerra Fría».

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