El gobierno iraquí liderado por chiítas ordenó el jueves el arresto de clérigo sunita más importante del país, bajo sospechas de "apoyar al terrorismo", una medida que podría incrementar las tensiones sectarias en medio de la actual situación de violencia.
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Una orden de arresto fue emitida para Harith al-Dari, líder de la Asociación de Clérigos Musulmanes, un conocido defensor de la en un tiempo dominante minoría sunita, dijo el ministro del Interior, el chiíta Jawad al-Bolani, en comentarios para la cadena de televisión estatal Iraqiya.
Los líderes chiítas han estado involucrados en una disputa con Dari durante este mes, acusándolo de incitar a la violencia en declaraciones ante la televisión que, según arguyen, parecen justificar los ataques de Al Qaeda en Irak.
No estuvo claro si Dari, quien últimamente ha estado en el extranjero, se encontraba en el país. El líder religioso no estuvo disponible para hacer comentarios.
La orden fue emitida el día después en que decenas de pasajeros de un autobús fueron secuestrados en un puesto de control de seguridad falso instalado en el oeste sunita de Bagdad y luego de que funcionarios del gobierno se enfrascaran en una discusión sobre si los rehenes capturados por supuestos miembros de la milicia chiíta fueron o no torturados y asesinados.
Seis minibuses desaparecidos llevaban pasajeros principalmente chiítas a lo largo de áreas mayormente sunitas del oeste de Bagdad cuando hombres armados, algunos de ellos vistiendo uniformes, los hicieron bajar de los vehículos bajo el pretexto de que se realizarían chequeos de control, dijeron fuentes policiales.
Quince personas fueron secuestradas cuando se encontraban en un café del centro de la ciudad, dijo la policía. Nueve fueron baleadas en una panadería, en un incidente que forma parte del registro de al menos 50 muertes que destacan el mínimo control que el gobierno y las fuerzas de seguridad tienen en las calles de la capital.
Las demandas se hacen cada vez más frecuentes en Washington para el comienzo de un retiro de las tropas estadounidenses de Irak.
En tanto, el primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, y los comandantes de Estados Unidos se unen en una carrera contra el tiempo para crear unas fuerzas de seguridad iraquíes capaces de reducir la violencia sectaria entre sunitas y musulmanes de la mayoría chiíta, que han llevado al país al borde de la guerra civil.
También se ha abierto grietas en el gobierno de unidad nacional que ya lleva seis meses, luego de que decenas de funcionarios civiles fueron capturados el martes por hombres que llevaban uniformes de policías.
El ministro sunita cuyos empleados fueron secuestrados decidió sabotear el gabinete hasta que los funcionarios sean encontrados.
"No hay un gobierno efectivo", expresó a la cadena BBC el ministro de Educación Superior, Abd Dhiab, tras lo cual se quejó de la "anarquía".
A pesar de la insistencia del portavoz del gobierno de Maliki de que casi todos los empleados de Dhiab estaban libres y no habían sufrido daños, el ministro dijo a Reuters que alrededor de 70 personas estaban desaparecidas y que otras habían sido torturadas o asesinadas. Entre 40 y 150 funcionarios fueron secuestrados, dependiendo de las diferentes versiones entregadas a la prensa.
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