Pinochet declaró que no se ocupaba de «cosas chicas», y en cambio sí lo hacía de cuestiones de «seguridad nacional, como la situación limítrofe que vivía la Argentina».
Sobre su supuesta frágil memoria, principal argumento de su defensa para evadir el juicio, el propio Pinochet declaró: «En la noche cuando leo, a veces se me queda algo. A veces recuerdo bien, a veces nada, no estoy normal». En julio de 2002, la Corte Suprema determinó que su desmemoria le impedía afrontar el juicio por la «caravana de la muerte», pero sus incursiones públicas con cierta lucidez abrieron esta nueva instancia.
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