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28 de septiembre 2007 - 00:00

Poderoso lobby busca aproximar a Chávez y Lula

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Hasta ocho horas ininterrumpidas puede hablar Hugo Chávez en su programa de los domingos, «Aló Presidente». Y puede aprovechar el maratón, como lo hizo el domingo pasado, para tratar de recomponer el desaguisado verbal que mantiene con el Congreso de Brasil. El motivo: el retraso que tienen los congresos de Brasil y de Paraguay en la aprobación del ingreso de Venezuela al Mercosur (la Argentina y Uruguay ya lo han hecho). Pero Chávez viene echándole la culpa exclusivamente al Parlamento brasileño.

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Hace tres meses, acusó a la Cámara de Senadores de ser papagayo de los EE.UU. La semana pasada, durante la reunión que mantuvo con el presidente Lula da Silva en Manaos, al enterarse de que no habría novedades sobre el tema hasta fines de octubre, vio allí la mano nefasta «del imperio» (EE.UU.) pero sin mencionar de manera alguna al Congreso brasileño. Acostumbrada a los exabruptos del venezolano, la prensa interpretó que era una nueva acusación contra los parlamentarios y corrió, espesa esta vez, mucha tinta.

Fue Rubens Barbosa (ex embajador en EE.UU. y actual presidente de la Comisión de Comercio Exterior de la FIESP, la influyente cámara empresarial paulista) el que puso freno a la discusión. En un artículo publicado en «O Globo», definió la demora del ingreso de Venezuela al Mercosur como un problema técnico más que político. Faltan resolver todavía casi 170 puntos (es Caracas la que viene más atrasada con la información) y entre ellos uno definitorio: la adecuación de Venezuela al Arancel Externo Común, usado para los mercados fuera del Mercosur.

Es más, Barbosa hasta dejó entrever que muy posiblemente Venezuela, por razones económicas o de políticainterna, estuviera buscandoun justificativo para desistirde su ingreso como miembro pleno del Mercosur. Y previno al Congreso en Brasilia de que se abstuviera de entrar en el juego público estimulado por el presidente venezolano.

Por otros carriles, mucho más amables, va el intercambio comercial entre Venezuela y Brasil. Según un estudio preparado por la Cámara Venezolano-Brasileña, el país de Chávez, pasó, entre 2003 y 2007, del puesto 26º al 8° en lo que se refiere a volumen de importaciones desde Brasil. Entre enero y agosto de este año, dice el paper publicado en «Valor Económico», el superávit comercial con Venezuela llegó a u$s 2.000 millones, superando a EE.UU. y Holanda (es la entrada de las exportaciones brasileñas a Europa).

Tanto mandan los números que, durante esta semana, una nutrida delegación de empresarios provenientes de distintos estados del país está presionando en Brasilia para que se agilice la entrada de Venezuela al Mercosur. Pruebas al canto: Venezuela es el cuarto destino de las exportaciones paulistas y el segundo entre las que salen del vecino estado de Amazonas. Además, y como punta de lanza, la semana pasada, durante la cumbre Lula-Chávez y en los pasillos del Hotel Tropical de Manaos, se vio a muchos de los pesos pesado de la industria del Brasil.

Por lo tanto, la agilidad con que Venezuela ingrese al Mercosur pareciera que no va a depender tanto de los tiempos parlamentarios, de las complicaciones técnicas o de los humores políticos, sino del poder de convencimiento que tienen los integrantes de las cámaras empresariales del Nordeste y de San Pablo. Al fin y al cabo, son los números los que mandan.

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