Nueva York - John McCain ya estuvo a punto de arrebatarle a George W. Bush la nominación republicana del año 2000. ¿Quién sabe cómo habría podido cambiar eso la historia reciente de los Estados Unidos? ¿Habría hecho o no habría hecho McCain la guerra de Irak? Si por un lado está vinculado al ejército por una especie de voto sagrado, por otro lado sus más de cinco años como prisionero de guerra en Vietnam lo han hecho muy sensible al valor de cada vida humana. Mc-Cain se ha opuesto con energía a los métodos de la base de Guantánamo.
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También se enfrentó desde el Senado a los primeros recortes fiscales de Bush aunque en 2005 aprobó su extensión-y a su dura política inmigratoria. Aunque esto último también lo ha matizado mucho, en vista del costo que le supone en votos.
Nacido en 1936 como John Sydney McCain III, hijo y nieto de almirantes de la US Navy que alcanzarían, los dos, los máximos honores, el nieto se pasó la infancia dando tumbos entre una veintena de escuelas de otras tantas bases militares, alternadas con súbitos desembarcos en estrictísimos colegios de élite. El resultadofue alguno que otro desorden en su formación, competitividad y no poca rebeldía.
No le faltaban dotes de mando y un espíritu de pelea. De joven tendió a la parranda. Cortejó a mujeres de vida alegre y se acabó casando con una ex modelo divorciada de un ex compañero de clase de él. Ella, Carol Schebb, era la Penélope que lo esperaba en casa cuando en 1967 cayó prisionero en Vietnam.
En 1968, viendo que era hijo de quien era, le ofrecieron liberarlo. McCain rechazó si no se liberaba antes a todos los prisioneros de guerra norteamericanos capturados ante él. Así lo mandaba el código de honor del ejército. Para cumplirlo, McCain enfrentó cinco años de cárcel que se podría haber ahorrado, amenizados además con constantes torturas.
De todas las cosas que a McCain le han dolido en esta vida, dicen que ninguna tanto como el hecho de que en el año 2000, cuando él constituía una seria amenaza para la candidatura de Bush, llegaran a acusarlo de desentenderse de los veteranos de guerra. En 1974 se lo ve en una foto famosa dándole la mano a Nixon tras su propia liberación. Anda con muletas, está hecho un guiñapo y tiene el pelo completamente blanco a los cuarenta años.
Y, sin embargo, asegura su primera esposa que él se creía que aún tenía 25. El reencuentro entre Ulises y Penélope no llegó a buen puerto. McCain empezó a salir con otras mujeres. Hasta que se enamoró de la que sería su segunda esposa una maestra diecisiete años más joven que él-, Cindy Hensley.
Con ella ha alcanzado, parece, la estabilidad. Ya no es el medio ultraconservador rebelde, siempre impulsivo, que Bush consiguió neutralizar en 2000. ¿Se reescribirá la historia? McCain ha aprendido de sus errores y para muchos personifica cierto tipo de honradez inimitable. Otros no dejan de observar que sería el presidente de más edad que hubiera habido nunca. No se fían de su salud ni de que su mejor momento no haya quedado atrás. Si hasta los republicanos creen que, esta vez, se pongan como se pongan, ganará un demócrata...
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