Italia se coloca así en sintonía con la decisión de la Unión Europea (UE) que en la reciente cumbre de Sevilla aprobó una serie de medidas para combatir la inmigración.
En base a la nueva ley -impulsada con fuerza por el centroderecha y considerada racista por la oposición de centroizquierda-el permiso de permanencia es concedido sólo al extranjero que ya tiene un contrato de trabajo. Ese permiso, otorgado por las embajadas y consulados italianos en el exterior, tiene una duración de dos años, pero si el inmigrante se queda sin trabajo antes de que el permiso venza, deberá regresar a su país.
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