Luiz Inácio Lula Da Silva inició ayer su actividad como presidente de Brasil con diversos gestos destinados a causar malestar a EE.UU. A la mañana se reunió con el presidente venezolano Hugo Chávez, a quien ofreció apoyo para superar la huelga opositora que busca alejarlo del poder. Anoche cenó con Fidel Castro, en medio de promesas de mantener estrechas relaciones. Sectores duros de la Casa Blanca temen que los tres conformen un "eje del mal" regional, opuesto a Washington.
Luiz Inácio Lula Da Silva inauguró ayer su agenda de actividades con un encuentro con el presidente venezolano Hugo Chávez. Este llegó 50 minutos tarde a la reunión, argumentando haberse quedado dormido.
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Con estos gestos, Lula revivió las prevenciones de buena parte de la administración republicana de Washington, que cree ver en una unión de los tres líderes
Por su parte, el líder cubano comparó la llegada de Lula al poder con la revolución cubana, cuyos 44 años celebró en Brasil. «Estoy feliz por estar nuevamente en Brasil. Y más feliz porque ya no tenemos más el monopolio del 1 de enero», dijo, en referencia a la celebración del aniversario de la revolución cubana y de la asunción de Lula.
Mientras «The Washington Post» invitó a Lula a ocupar el vacío dejado por la falta de liderazgo de Estados Unidos y tomar la iniciativa en la búsqueda de una salida a la crisis política de Venezuela, el flamante mandatario de Brasil, vio retrasada su agenda tras sufrir un «plantón» de casi una hora por parte de su par venezolano, quien se disculpó de su tardanza explicando que estuvo hasta las 4 de la madrugada dialogando con Castro. Tras encontrarse con Lula, Chávez anunció que le pidió ayuda a Brasil, sobre todo técnica. «Si hace falta que técnicos brasileños vayan a Venezuela, hemos dejado la solicitud para que se estudie con las nuevas autoridades de Petrobrás (la empresa nacional petrolera brasileña) y PDVSA (la estatal petrolera de Venezuela)», señaló el mandatario venezolano. Chávez propone la creación de la Petroamérica, uniendo ambas compañías. Tras desayunar con Lula, Chávez afirmó que el presidente brasileño «ha manifestado total respaldo de Brasil a Venezuela, y Venezuela total respaldo a Brasil».
En tanto, la visita de ambos líderes al acto de asunción de Lula provocó un debate dentro del Partido de los Trabajadores (PT), cuya ala más moderada busca evitar gestos que le granjeen al nuevo gobierno la hostilidad de la administración Bush. Así, los asesores más pragmáticos de Lula habían apostado en los últimos días del año pasado a que un cuadro de catarro de Castro le impidiera viajar a Brasilia, lo que finalmente no ocurrió. Parece que si bien Lula ha dicho que no se apartará de las políticas de libre mercado, quizás esté decido a enfrentarse a EE.UU. puertas afuera. Es decir en cuanto a las negociaciones Internacionales como las referidas al ALCA (ver aparte), pero no internamente en el manejo de la economía.