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Hay una razón de fondo esencial: el equilibrio de poderes. La figura del Papa tiene connotaciones espirituales, pero el ejemplo caliente de Informate más
La pregunta viene a cuento porque la hipótesis de un papa estadounidense estaría demasiado expuesta a la influencia del país más importante de la Tierra. Sería inevitable una relación privilegiada entre el presidente de Estados Unidos y el Santo Padre, aunque sólo fuera por razones de vecindad, de bandera y de cultura. El condicionamiento, además, podría convertirse en un problema incómodo para el sucesor de Karol Wojtyla, toda vez que cualquier decisión suscitaría la sospecha de la connivencia con Washington. Existiera realmente o no existiese de ningún modo.
La naturaleza de un papado no está en el poder, sino en el contrapoder y en el contrapeso a los organismos de influencia internacionales. Precisamente por eso todas las candidaturas en juego provienen de los países periféricos. Empezando por la lista de los favoritos latinoamericanos -Rodríguez Madariaga, Bergoglio, Hummes- y terminando por el ejército de los cardenales italianos, dispuestos a recuperar la romanidad del trono de Pedro después del convulso entreacto polaco.
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