Los insultos de los soldados, que registran el automóvil en busca de armas o explosivos, suben de tono, la gente se agolpó alrededor sin saber qué hacer y gracias a la defensa de algunos iraquíes que hablaban inglés, los jóvenes son liberados y obligados a marcharse rápidamente.
Todos los días, estos estudiantes que rondan la veintena van a protestar «contra la ocupación» frente al hotel Palestina, donde se concentran los marines estadounidenses.
«Ocuparon, han matado a nuestra gente y a cambio ¿qué nos van a dar? ¡Nada! Irak está acabado», aseguran.
A pocos metros del lugar de este incidente, en el hotel Palestina, las manifestaciones se multiplican: profesores de universidad, médicos, abogados o simples ciudadanos vienen todos los días a protestar contra la guerra y contra los «planes ocultos» de Bush para Irak.
«No tenemos miedo a que disparen contra nosotros. Lo que estamos haciendo es lo correcto. Este es nuestro país y sólo Dios nos juzgará», apuntó Yasser, ingeniero, de 40 años, que sostiene una pancarta que reza «Sí a la libertad, Sí a Irak, no a la ocupación».
A los gritos de «¡Down, Bush, Down!» (Abajo Bush), los nervios de los marines, algunos de ellos jóvenes de menos de 20 años, cansados y atemorizados, se crispan. En pocos minutos, el hotel es acordonado, aislado y el paso se prohíbe incluso a los periodistas que se alojan en su interior.
El miedo a atentados suicidas de parte de un pueblo que cada día tiene menos que perder va en aumento, afirman los soldados, que multiplican los registros a automóviles, pertenencias y personas de cualquier edad y nacionalidad.
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