Rio de Janeiro (EFE, Reuters, LF) - Una caravana de 52 vehículos con 200 militares entrenados para lucha armada partió ayer de Brasilia para reforzar desde esta semana la seguridad en Rio de Janeiro, afectada por ataques mafiosos que en la última semana de 2006 dejaron 25 muertos en las calles.
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El convoy militar recorrió 1.160 kilómetros en dirección sudeste hacia la que fue capital brasileña hasta 1960 y tomó posiciones al arribar anoche.
Otros 300 militares llegaron ayer mismo en avión para completar la oferta de 500 hombres prometida por el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, al gobernador del estado, Sergio Cabral.
Los enviados de la Fuerza Nacional de Seguridad,compuesta por 7.800 policías y militares de elite entrenados en Brasilia, realizarán operaciones especiales de búsqueda y control en Rio de Janeiro, cuyas autoridades resultaron impotentes para contener una escalada de ataques criminales registrada a finales de 2006.
Inicialmente, la fuerza federal se mantendrá fuera de la ciudad, pero patrullará carreteras y fronteras estaduales para aminorar el contrabando de armas y drogas.
«Nosotros no sabemos exactamente cuál es nuestra misión, pero vamos a hacer bien nuestra labor», dijo a la agencia «Estado» el teniente Jose Luiz Gonçalves, líder de la sección con sede en San Pablo.
De los 25 muertos registrados durante dos madrugadas, 8 quedaron incinerados en el ataque a un colectivo, lo que constituyó el hecho más conmocionante.
Reacción
La Fuerza Nacional de Seguridad enviará más hombres hasta completar alrededor de 6.000 en julio, cuando se celebrarán en la ciudad la decimoquinta edición de los Juegos Panamericanos, cuya posible cancelación por la violencia sería un golpe letal para la imagen de la ciudad en el mundo.
Los ataques criminales fueron atribuidos a las bandas de narcotraficantes que dominan las principales «favelas» de la ciudad. Así como ocurrió a finales del año, en meses pasados estas organizaciones obligaron a comerciantes a cerrar sus locales y a transportistas a guardar sus vehículos, provocando en muchos lugares escenarios típicos de toque de queda.
Como reacción, y ante la impotencia oficial, han comenzado a surgir escuadrones de la muerte que «limpian» de narcotraficantes las zonas de Rio en las que logran recaudar una suerte de «impuesto» entre residentes y comerciantes, un giro que preocupa en Brasil.
Los últimos ataques fueron calificados como «terroristas» por el presidente Lula, quien coincidió con el nuevo gobernador fluminense en la necesidad de sumar fuerzas federales y militares a las labores de seguridad en el estado.
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