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Los otros dos candidatos -Faustin Twagiramungu y Jean Nayinzira- se ubicaban considerablemente detrás de Kagame y sus respectivas campañas electorales tuvieron bajo perfil, comparada con la faraónica del mandatario.
Todo parece indicar que el "hombre fuerte" de 46 años, un tutsi que en 1994 entró a la capital del país para poner fin al genocidio cometido por la mayoría hutu, seguirá en el poder.
Las elecciones presidenciales de hoy en la ex colonia belga fueron las más pluralistas desde la independencia de 1962.
"Nuestro país dio un gran paso hacia la democracia y los ruandeses, yo incluido, están felices por haber sido capaces de hacerlo", dijo Kagame al emitir su voto.
Según varios analistas, todavía no se puede hablar de democracia plenamente en Ruanda.
"Se necesitaría la presencia de la oposición, pero acá no hay oposición", según dijo a la cadena BBC Nellie Maes, un diputado belga del Parlamento europeo que integra el plantel de observadores.
El presidente saliente -en el cargo desde 2000 pero con roles decisivos en gobiernos de transición desde 1994- basó toda su campaña en la superación de las divisiones entre las dos etnias del país del centro de Africa.
"Un ruandés no es un hutu o un tutsi. Es un ruandés y punto", fue uno de sus lemas de campaña.
Pero el mismo argumento -según críticos y observadores- sirvió a Kagame para restar espacio a los otros políticos, sobre todo al principal opositor y ex primer ministro hutu Twagiramungu.
Twagiramungu se quejó el domingo del arresto de 12 de sus seguidores, bajo la acusación de planificar desórdenes.
El apoyo del cual goza Kagame se debe sobre todo a una cierta mejoría de la seguridad en el país y a los buenos resultados económicos de su gobierno.
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