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La respuesta de Moscú a las amenazas que vertió anoche Bush contra el régimen iraquí no se hicieron esperar y mostraron el eslabón más débil de las nuevas relaciones de socios entre Moscú y Washington forjadas tras el 11 de septiembre.
Las renovadas amenazas de Washington contra Bagdad llegan cuando el régimen iraquí ha propuesto a Moscú participar en nuevos y pingües negocios petroleros que pueden recuperar el peso de Rusia en Oriente Medio, perdido en la última década.
"Creemos que el uso sin razón de la fuerza contra Irak traerá consecuencias desastrosas sobre toda la región de Oriente Medio", dijo el portavoz de la diplomacia rusa, Alexandr Yakovenko.
Por primera vez desde que se lanzaron los rumores sobre la elección de Irak como nuevo blanco de la operación antiterrorista en Afganistán, Rusia manifestó hoy su abierto respaldo a la bestia negra de EEUU, el presidente Sadam Husein.
"Consideramos que debe haber un diálogo con los líderes legales de Irak, que representan oficialmente a ese país", respondió el portavoz de la diplomacia rusa a la promesa de Bush de derribar a Sadam.
"Es una política declarada y oficial de EEUU propiciar un cambio de régimen" en Irak y "no ha cambiado y recurriremos a todos los instrumentos de que dispongamos para lograrlo", dijo anoche Bush.
Tal amenaza siguió a la revelación el pasado viernes de nuevos informes sobre la existencia de un plan de ataque en varios frentes contra Irak, con la intervención de 250.000 soldados de EEUU.
Yakovenko señaló que Rusia carece de información concreta sobre esos planes secretos para derrocar a Sadam y que Moscú no ha sido consultado al respecto.
Asimismo dijo que Rusia "no tiene informaciones auténticas" que confirmen los contactos de EEUU con la oposición iraquí, aunque el Kremlin "sigue con atención los numerosos informes al efecto".
La amenaza de Bush a Sadam y la advertencia rusa de hoy tendieron una nube sobre las relaciones entre EEUU y Rusia, en su mejor momento desde el fin de la guerra fría.
La firma en mayo de un nuevo tratado de desarme nuclear, el nuevo Consejo a Veinte OTAN-Rusia, la cooperación en materia energética y el visto bueno de Moscú al despliegue de militares estadounidenses en el espacio ex-soviético (Georgia y Asia Central) han sentado las bases de ese nuevo entendimiento.
Pero Rusia no parece dispuesta en esta ocasión a ceder más en su inexorable retirada diplomática de Oriente Medio y perder un aliado clave en la región.
Moscú ya rechazó la animadversión de EEUU hacia algunos de los aliados heredados por Rusia de la URSS, como Irak, Irán y Corea del Sur, a los que Bush calificó de "eje del mal" que apoya el terrorismo internacional.
Hasta ahora, Moscú había tratado de convencer a Bagdad de que volviera al diálogo con la ONU para admitir la entrada de los inspectores encargados de comprobar si Irak fabrica armas de destrucción masiva.
Pero la reacción de hoy apunta a que Moscú puede tratar de obstaculizar una eventual ofensiva militar contra Irak, dados los grandes intereses rusos en ese país, que Bagdad ha utilizado en los últimos tiempos para asegurarse un valedor internacional.
Hace cinco días, el embajador iraquí en Moscú, Abbas Halyaf, señaló que su país buscaba ampliar los lazos petroleros con Rusia y propuso a Moscú tomar parte en el desarrollo de uno de los mayores yacimientos del sur iraquí, Narh Umar, donde hay 450 millones de toneladas de crudo.
Halyaf también recordó que Irak "no podrá devolver los 8.000 millones de dólares que debe a Rusia si siguen efectivas las sanciones" que pesan contra Bagdad desde su invasión de Kuwait en 1990.
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