París - El presidente francés, Nicolas Sarkozy, cumplió ayer cien días en el cargo marcados por su omnipresencia, hiperactividad y voluntarismo, y en los que se apuntó éxitos, pero afronta un otoño (boreal) caliente en los frentes económico y social.
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El 16 de mayo, diez días después de haber derrotado en las urnas a la candidata socialista Ségolène Royal, el político conservador y ex ministro de Interior, de 52 años, sucedió a Jacques Chirac e impuso un estilo de «ruptura» con los doce años de su veterano predecesor.
Tras vacaciones un tanto polémicas en Estados Unidos, donde su almuerzo informal con el presidente George W. Bush y su familia simbolizó el inicio de una nueva era en las relaciones entre París y Washington, Sarkozy reanudó el trabajo esta semana, resuelto a seguir ocupando todo el terreno y a proseguir sus reformas.
«Nunca seré un presidente estático. El primer ministro es un colaborador. El patrón soy yo», dijo esta semana.
Cuenta con una popularidad elevada, pese a una caída de cinco puntos en un mes. El 61% de los franceses sondeados por Ipsos se declara favorable a su acción, más que todos sus predecesores de la V República, salvo Charles de Gaulle.
Los editorialistas destacan la omnipresencia, mediatización y ritmo desenfrenado de este « hiperpresidente», que quiere ocupar el primer plano en todos los frentes.
Un estilo que «no deja indiferente a nadie», según «Le Figaro», que rechaza las acusaciones de «golpes efectistas». «Le Monde» escribe que de tanto querer demostrar su eficacia Sarkozy «se pasa» y «se expone demasiado para durar»; « Libération» dice que no se espera de un jefe de Estado que « reaccione en todo momento como un francés medio», sino que proponga orientaciones sólidas y duraderas. Y «L'Express» habla de «bicicleta sin freno».
Sarkozy, cuyo eslogan fue: «Digo lo que hago y haré lo que digo», cumplió en estos cien días muchas de sus promesas.
El Parlamento, controlado por su partido conservador UMP -aunque redujo posiciones en las legislativas de junio-, votó en julio el primer paquete de reformas del presidente.
Liberalización de las horas extraordinarias, rebajas fiscales, servicios mínimos en el transporte, endurecimiento de las penas de los delincuentes reincidentes y autonomía de las universidades.
Pero el Consejo Constitucional rechazó el carácter retroactivo de la desgravación fiscal de intereses de hipotecas para la compra de la vivienda principal, que era una de sus promesas más populares.
En política exterior, el presidente se desvivió para que los líderes de la Unión Europea llegaran a un acuerdo sobre un «tratado simplificado» que sustituyaa la Constitución rechazadapor los votantes franceses y holandeses en sendos referendos en 2005.
Y se marcó otro éxito con la liberación por Libia de las cinco enfermeras búlgaras y el médico palestino.
Su esposa, la enigmática Cécilia, viajó dos veces a Tripoli en la fase final de la negociación y acompañó a los sanitarios en su regreso a Bulgaria.
Molestia
Querer colgarse la medalla por esa liberación molestó en la UE, que ya trabajaba por ella, y la polémica sobre posibles contrapartidas resurgirá con la investigación parlamentaria.
El Elíseo excluyó ayer que Cécilia Sarkozy comparezca ante los diputados, como pidieron los socialistas al calor de la pequeña controversia que surgió cuando la primera dama faltó a un almuerzo con la familia Bush este mes en EE.UU.
La oposición socialista, sacudida por la derrota electoral,-desgarrada por las divisiones internas y desestabilizada por la estrategia de «apertura» de Sarkozy -que incluyó a izquierdistas en su gobierno-, no se hizo escuchar en los primeros cien días de Sarkozy, pero afila ahora las armas contra su política económica.
El líder socialista, François Hollande, ya disparó la primera flecha al denunciar la « factura» que los franceses tendrán que pagar por los «regalos fiscales» dados a los acomodados.
El costo de ese paquete fiscal (11.000 millones de euros) es un dolor de cabeza para el Ejecutivo, que debe elaborar el nuevo presupuesto sin agravar el déficit.
La crisis de los mercados financieros puede agravar la coyuntura económica desfavorable: la economía creció la mitad de lo previsto en el segundo trimestre y el déficit comercial se agigantó.
Mientras, el otoño social se perfila caliente, con los sindicatos en pie de guerra por los servicios mínimos o la supresión de puestos de funcionarios, sin olvidar la prometida reforma laboral o el plan de franquicias médicas.
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