En toda guerra, es inevitable que mueran civiles, más aún cuando los ataques se realizan principalmente mediante fuertes bombardeos sobre ciudades. Pero la cantidad de víctimas (mujeres y niños en su mayoría) está llegando a un número imprevisto. Ayer se conocieron informes que hablan de decenas de muertos, aunque es difícil precisar cifras, porque muchos cuerpos permanecen bajo escombros. Es lógico pensar que en la medida en que la guerra avance, con enfrentamientos ya dentro de los centros urbanos, estos hechos se multipliquen. Un costo que el presidente George W. Bush está empezando a pagar por las críticas fuera de su país, pero también ya dentro de EE.UU. La prensa norteamericana cuestionó duramente ayer estas acciones. Anoche, Bagdad volvía a ser bombardeada, y en Kerbala, a 80 kilómetros de la capital, se registraban nuevos combates entre las fuerzas de la coalición y la Guardia Republicana iraquí. Saddam Hussein no apareció por TV como se esperaba, pero se difundió un comunicado en el que vuelve a llamar a su pueblo a la Yihad, la guerra santa. Algo que incentivará los ataques suicidas contra soldados de EE.UU. y británicos, pero también contra otros objetivos en todo el mundo.
El director del hospital de la ciudad de Al Hilla, en la provincia de Babilonia, situado a 5 kilómetros del lugar del bombardeo, En el hospital, un gran número de niños heridos yacían en el suelo, cubiertos por mantas, a falta de camas.
En el sitio del bombardeo, decenas de restos de lo que parecían ser
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